martes, 28 de enero de 2014

Acto 1 - Escena 4: El escudo y la niebla negra

(extraído del site del juego: http://sites.google.com/site/juroceweb )

De entre los árboles apareció un corpulento humano de cabello oscuro y facciones aguileñas. Vestía ropas comunes, cubiertas de una camisa de cota de malla, y algunas placas para proteger hombros y articulaciones. En el cinto colgaba una rústica espada ancha, a medio desenvainar, mientras que fírmemente en uno de sus brazos se sostenía el escudo que había golpeado al maleante. Éste se empezó a ahogar, mientras inhalaba el oscuro vapor. El guerrero retrocedía ante la nube, apuntando la lanza hacia ella y el maleante, pero convencido de que cualquier esfuerzo por dañar físicamente a ese gas era inútil.

Parte de la nube se acercaba al claro de la fogata, mientras un grito del maleante se convertía en ahogo mientras éste se retorcía en el piso. Se sacaba con desesperación un frasco roto de entre los bolsillos de sus ropajes, al tiempo que se arrastraba huyendo de la niebla.

El guerrero retrocedió un par de pasos, manteniendo el escudo y la punta de la lanza entre él y la nube, pero tratando de mantener la mirada sobre el maleante. Al tiempo lanzaba un vistazo rápido sobre el área de la fogata para ver que nadie más estuviera en peligro ante el avance de la peligrosa nube. No pudo dejar de extrañarse en ver como un Worg era llamado por el humano bárbaro. Los Worgs eran conocidas como inteligentes y perversas monturas de los goblins y otras criaturas malignas, pero este respondía al llamado de un bárbaro.

El niño monje secó una lagrima con su túnica, al confirmar que quien había recibido su ataque, había muerto. Trataba de contener la hemorragia ya sin pulso, hasta que el anciano túnica negra le indicó que se retirara, pues el misterioso gas se acercaba hacia ellos. Tenía un libro en su mano, y mientras retrocedía un poco, revisaba sus páginas con fruición.


El humano se aproximó con cautela al grupo, manteniendo el escudo por delante y la punta de la lanza en guardia hacia el Worg, mientras decía en idioma común: - ¿Esa bestia está con ustedes? ¿Quiénes sóis?

- La "bestia", es mi amigo -
dijo el bárbaro, mirando con recelo tanto al humano como a la niebla que se acercaba hacia el grupo. - Mi nombre no tengo por qué dártelo.- Revisó con preocupación a la loba y procedía a levantarla mientras el Worg gruñía en dirección a la niebla.
El centauro se irguió, limpió algo de la tierra que tenía encima, sin tocar la sangre de la que se había impregnado. Se resintió de sus heridas, e intentó no demostrar el dolor que sentía, su orgullo antes que nada. Ubicó el arco que había arrojado durante la emboscada, lo tomó y alzó por encima de su cabeza en señal de victoria, gritando su nombre:
            “ISPOPLES…! Es mi nombre” 
Cruzó sobre pecho el brazo que tenía libre, y cerrando sus ojos asintió con la cabeza en señal de reverencia. Luego, señaló con la punta de su arco al desconocido que se acercaba, y le increpó:
            “Caballero portador del escudo! ¿Vuestro nombre por favor?”
Observó la niebla negra que se acercaba, notando que su movimiento no va acorde con el viento, para alguien que se especializa en la caza con flechas, resultaba muy extraño. Pasó a señalar con su arco a la extraña niebla, y preguntó:
            La niebla negra, ¿Es vuestra?
Volviendo a señalar al extraño que se acercaba.
- Mi nombre es Jin Firesoul, y hago patrullas por estos caminos. Y la niebla la provocó ese maleante - dijo el humano, mientras apuntaba la lanza hacia el sujeto que se retorcía en es suelo.  Cuidando mantenerse a salvo de la niebla, bajó un poco el escudo para que el centauro pudiera verlo mejor.  Luego, viendo al anciano de túnica, le dijo: - ¿Anciano, conoces alguna manera de disipar esa niebla?
 - Hmm... No. Pero puede que pueda saber, cómo saber qué es la niebla, o saber si es mágica - El viejo hablaba medio respondiendo, y medio "para sí", buscando algo en un viejo libro que con seguridad debía tener más de 40 años. El bárbaro miraba con recelo al medioelfo y al anciano. Como la mayoría de los bárbaros, desconfiaba de los no-humanos, y la tribu particular de Eldrak, veía con sumo temor a la magia y sus practicantes, y el anciano claramente era un practicante. El no-humano mestizo había hablado de forma muy extraña, gesticulando como los magos, pero nada había pasado. Era mejor no confiarse demasiado.

A juicio del medioelfo, muy a pesar de su natural curiosidad por lo mágico, no era momento de experimentos. Esta niebla no era algo que hubiese visto antes, pero no aguraba nada bueno.
- No creo que tengamos mucho tiempo para estudios, aunque aprecio lo valioso de sus acciones, maese Osbearn. Considero sensato irnos de aqui de inmediato. Tomemos a los heridos y pongamos terreno entre esta abobinación y nosotros.

Espetó, mientras se terciaba el arco al hombro. Giró sobre sus talones, Emprendiendo su camino fuera del claro y dijo por encima de su hombro izquierdo:

- ¿Habrá alguno de ustedes que conozca a un kender con una peculiar fascinación con las aves y sus plumas?

Eldrak revisó aparte a Trygg, usando lo que tenía a mano para evitar que sus heridas empeoraran, sin embargo, mantenía sus oidos atentos a la charla del grupo. No muy seguro de ser capaz de cuidar a Trygg y escuchando una referencia de Tarasal, o asi lo parecia, decidio seguir al grupo, cargando a Trygg con sumo cuidado.

Jin pensaba para sí - (Vaya un grupo peculiar) - mientras se acercaba a ellos y relajaba la pose de combate.  - Vayamos juntos, quizás una lanza extra les haga falta en algún momento - propuso, mientras comenzaba a caminar para acercarse más a aquella curiosa reunión de razas y profesiones.

Los quejidos del asaltante cesaron. Lo poco que se veía de su rostro mostraba a través de la niebla, una textura arrugada, sin vida. La niebla empezó a viajar de forma más rápida, y se hizo más densa e impenetrable. Se distinguían claramente 4 direcciones en las que la niebla parecía extender tentáculos. Tres avances de la niebla eran hacia los otros asaltantes caídos, mientras que una tercera porción de la niebla avanzaba inexorable hacia el bárbaro humano.

"Batin corak sihir saya" - dijo el anciano en túnicas de necromante, mientras levantaba la vista del libro y hacía círculo imaginario frente así, en dirección hacia la niebla. Abrió los ojos con alarma - "Esta magia está encantada, pero hay mucho de su poder que no es de la hechicería, maese Ragnarok, debemos correr, diría yo".

El barbaro podía concluír lo mismo, pues la niebla le perseguía, y aumentaba su rapidez a medida que se "alimentaba" de los cuerpos de los asaltantes. La herida de puñal dolía un poco al moverse, pero tendría que correr más rápido. El worg llegó rápidamente a su lado, esquivando a la niebla.

- Síganme!

Dijo el medio elfo, mientras una parte de la niebla que se dirigía hacia el bárbaro se volvió a separar. Como si fuera un dedo de una mano hecha de niebla, se dirigió hacia el medio-elfo. Éste partió a paso ligero en dirección a Solace. Giraba su vista con intención de tener una percepción de la velocidad de los heridos y juzgar si podían correr como el resto.

El bárbaro logró montar al worg, cargando a la loba inerte. Ispoples, con mucho dolor, siguió el paso indicado por el medio-elfo. Osbearn y Uthm seguían de cerca al hechicero legionario. Jin iba de último, pendiente de que nadie quedara atrás. Ispoples galopaba con facilidad entre los árboles, y echaba un ojo hacia atrás, confirmando que la niebla quedaba rezagada.

Participantes en la escena:
Gocho (Eldrak el bárbaro de las montañas, maestro de las bestias),
Wladimir (Ispoples el centauro luchador),

César (Osbearn, ex-miembro de la Orden de Nuitari, de la Alta Hechicería, ahora hechicero vagabundo).
Kenny (Gwydeon el medio-elfo hechicero legionario)
Guácharo (Jin Firesoul guerrero human)
Orestes (Narrador)

lunes, 16 de diciembre de 2013

Acto 1 - Escena 3: El niño, el viejo y el medio-elfo

(extraído del site del juego: http://sites.google.com/site/juroceweb )

Osbearn estaba un poco cansado por el deambular de Gwydeon. ¿A quién  se le ocurre merodear por las afueras de Solace en busca de un kender? incluso si el kender estuviera dentro de una habitación sin ventanas y puertas, sería difícil encontrarlo.

"Donde cabe una rata, hay dos kenders" - era un dicho común en todo Ansalon.

El niño seguía con tranquilidad y ojos llenos de curiosidad, al medio-elfo, en cambio. Así, se adentraron en una zona en la que habían ruinas de casa quemadas en la Guerra de Caos. Nadie sabía quién había vivido allí, extrañamente, pero Gwydeon sabía que al kender le resultaba interesante el lugar. Estaba examinando el lugar en busca de algún rastro del kender (por ejemplo una pluma multi-colores caída en el piso), cuando los 3 escucharon ruidos afuera.

- ¡Si! ¡estoy seguro! El bárbaro de la gema está por acá - decía alguien entre jadeos mientras otros corrían detrás de él. Eran 4 figuras envueltos en negras capas con capucha. Uno de ellos llevaba un arco y un carcaj.

Luego de discutir un poco con el anciano, Gwydeon lo convención de que siguieran el rastro.

Al poco rato, llegaron a los bordes de un claro en el que se distinguían los sonidos de una fiera pelea. Un amenazante centauro aplastaba a uno de los misteriosos hombres que gritaba aterrorizado, mientras un bárbaro mordía a otro. Un tercero corría detrás de un lobo, y una inmensa bestia peluda, del tamaño de un pony, corría hacia el cuarto, que no cesaba de dispararle flechas. Tanto el bárbaro como el centauro estaban heridos.

Ispoples, el centauro, mordía el cuello del humano, tratando de aferrarse a él e impedir su escape. La sangre empezó a brotar con fuerza, mientras el asesino rápidamente cesaba el forcejeo hasta quedar inerte. La sangre resbalando por el rostro del centauro, las manos aferrándo a su presa cual garras, él encima, cuál ave de rapiña.... la visión de sus pesadillas en las que volaba como ave, cazaba un caballo, y se descubría alimentándose de uno de sus congéneres, se interpuso sobre la imágen de lo que le rodeaba, por un eterno segundo. Abstraído de su entorno, no entendía lo sucedido. Miraba el cuerpo sin vida de su atacante, detallando su cuello destrozado, la sangre regada por todos lados, incluso sobre él mismo. Solo recordaba sentirse envuelto en llamas en la fogata, y luego unas imágenes de sus pesadillas nublaron su mente. Ahora, finalmente se encontraba sobre su atacante derrotado y rodeado por extraños que luchaban contra aquellos que hasta hace un rato los atacaban.

Desde el borde del claro, Gwydeon reflexionaba - No era de caballeros entrometerse entre las disputas de los otros - pero aún asi el legionario sintió encenderse la sangre dentro de sus venas. Frente a una batalla tan desequilibrada no cabía sino parcializarse y tratar de, al menos, devolver las cosas a su equilibrio.
Su mano izquierda fue instintivamente al mango del largo puñal que pendía de su cadera, su mano derecha dibujaba un arcano signo en el centro de su pecho. Sus labios se juntaron para pronunciar un escudo protector:
- Teyva illa...

Corrió
 a interponerse entre los caídos y sus atacantes, la vista puesta en el
arquero de capa negra. Su puñal a medio desenfundar. - ¡ALTO AHORA MISMO!

Se dejo escuchar en el medio del claro...

Al escuchar el grito de Gwydeon ordenando el alto, Osbearn colocó el báculo ligeramente en el pecho del niño, como una señal para que se detuviera, mientras el viejo mago observaba con mayor detalle la situación.

La figura de negro que forcejeaba con el bárbaro, abrío súbitamente los brazos pronunciando un breve bramido ininteligible, mientras gritaba - !Vámos¡ -. Ahora el bárbaro sentía que luchaba contra la fuerza de un ogro.

El worg alcanzaba casi al arquero de negro, que se alejó unos pasos antes de montarse en uno de los árboles. En ese instante, el otro asesino que perseguía al lobo cesó la persecución lanzando una daga hacia el recién llegado medio-elfo. La daga, antes de acercarse más al cuello de su objetivo, se desvió perdiéndose entre las ramas de los árboles que rodeaban el claro. El hombre tenía mirada sorprendida, pero arrancó en la huída velozmente.

El monje permanecía atento a cualquier acción u orden del mago, pero Osbearn le dijo - Espera aquí atento, si alguien se acerca intenta detenerlo - mientras el mago empezaba a revisar su túnica en busca de algo.

La loba se acercó al asesino que forcejeaba con el bárbaro e intentó morderle, pero con una fuerza descomunal éste agitó su pié, golpeándola en la cabeza y dejándola inconsciente. Por su parte, el worg embestía el árbol por el que había subido el asesino que portaba un arco. Sin embargo este continuó su camino por las ramas. Ágilmente saltó hacia otro de los árboles, alejándose de la escena.

Mientras tanto, el barbaro hizó acopio de toda su fuerza, hincando dientes y manos en la carne de su oponente, a la espera que su fiel lobo atacase a su enemigo sujeto. Solo gruñidos y quejidos se escuchaban, usando sus piernas para dificultarle el movimiento. La figura de negro rompió el agarre con los brazos, rápidamente apretando la mandíbula del bárbaro forzándolo a abrir la boca. Casi le disloca la mandíbula en el proceso.

El asesino que había atacado infructuosamente al medio-elfo, corría velozmente, mientras la mirada del hechicero legionario se enfocaba en  él... - No en mi bosque... Pensó el legionario mientras, con la mano derecha tomaba el arco. Tomando su largo puñal en la mano izquierda con el meñique y el anular, sosteniéndolo por un aro en la empuñadura, cargó una flecha con los dedos libres. No le agradaba nunca la idea de atacar a un oponente que se batía en retirada, pero estos eran asesinos. Nadie usaría mentalismo contra un mercenario, a menos que no tenga dinero para pagar por sus servicios. Ellos habían entrado al claro con intención de matar, y al ver balanceada la contienda optaron por huir.

- Cobardes, no en mi bosque. Apuntó a su atacante y relajó su mano izquierda. La flecha se clavó con un sonido seco en el brazo izquierdo del asesino, arrancándole un gemido de dolor. Sin embargo, siguió corriendo como alma que lleva el demonio, buscando poner más bosque entre él y el arco del medio-elfo. Nadie le dijo que se iba a enfrentar a un hechicero, porque sólo la magia podía haber desviado una daga de esa forma.

El viejo mago le indicó a Uthm - Si puedes encárgate de aquel que anda luchando allá, ya verás como me encargo del otro - Mientras decía esto, con su mano recogió algo de tierra, dió una rápida vuelta mientras arrojaba el puñado al aire, mientras decía

¡Edar Austrat Laraek!

Una vez dichas estas palabras, el puñado de tierra fue transformado en unos dardos de tierra, los cuales salieron disparados rápidamente en  la dirección del asesino que intentaba huir por los árboles, mientras el monje corria a aplicarle una patada rastrera a la figura de negro, intentando tumbarlo.

Los dardos cortaron el aire con su afilada punta, hasta clavarse profundamente en varias partes del cuerpo del asesino, quién perdió el balance a causa del dolor, precipitándose aparatosamente al suelo. El impacto en la cabeza lo dejó inconsciente, mientras los dardos se deshacían, dejando las heridas llenas de la tierra usada por el mago túnica negra.

El monje aterrizaba también, concentrandose en convertir sus piernas en una gran tenaza, atrapando y llevándose con todo su peso, una de las rodillas del siniestro hombre. Sintió quebrarse la articulación, y notó el olor metálico de la sangre. Había provocado una fractura en su oponente, y un afilado trozo de hueso de la pierna sobresalía por entre las fibras del oscuro pantalón. El sujeto cayó al piso desmayándose al ver el estado de su pierna.

Eldrak decidió que buscar a su lobo y revisarlo erá más importante que cualquier otra cosa y las personas que acababan de aparecer no le inspiraban confianza suficiente. Corrió al lado de Trygg a la vez que silbaba un llamado a Fearg para que viniera a su lado. El Worg se detuvo, debatiéndose entre seguir al asaltante y obedecer. Sin embargo, la sangre del bárbaro había sido vertida, lo que podría significar que necesitara su ayuda. Se empezó a devolver en dirección a Eldrak, mientras huía el misterioso maleante.

Un ruido fuerte, seco y fuerte, de hueso roto, vidrio roto, y metal contra metal y metal contra madera, se dejó oír en el bosque mientras el malechor caía hacia atrás gravemente golpeado por un escudo mediano que se había interpuesto en su carrera. Un gas negro empezó a brotar de alguna parte de las ropas del asaltante.

Participantes en la escena:
Gocho (Eldrak el bárbaro de las montañas, maestro de las bestias),
Wladimir (Ispoples el centauro luchador),

César (Osbearn, ex-miembro de la Orden de Nuitari, de la Alta Hechicería, ahora hechicero vagabundo).
Kenny (Gwydeon el medio-elfo hechicero legionario)
Orestes (Narrador).

martes, 10 de diciembre de 2013

Acto 1 - Escena 2: El asalto

(extraído del site del juego: http://sites.google.com/site/juroceweb )

Los lobos se incorporaron, y bajaron la cola, iniciando un gruñido. Le  gruñían a la noche, que al parecer les tenía más de una sorpresa.

Al escuchar el gruñido de Trygg y de su montura, Eldrak hizo señas a ambos para que callaran y poder escuchar mejor lo que sucedía a su alrededor.
Lentamente y en silencio miró a Ispoples para ver si sus reacciones mostraban las mismas dudas que él tenia, o si al contrario, delatasen que tuviese una idea de que podría estar incomodando a los canes que les acompañaba

El bárbaro ecuchó una presencia en una rama de un árbol, casi sobre  ellos. Evidentemente desenfundaba una hoja metálica de algún tipo. Detrás del centauro había una persona que tropezaba una rama y detrás  de él mismo escuchó el rechinar de un arco al tensarse. También vio a contraluz una silueta envuelta en una especie de túnica, agacharse al piso hasta casi desaparecer.

Ispoples observó a las mascotas de Eldrak, y pensó que algo en los alrededores los está perturbando. Intentó fijar la dirección de lo que incomodaba a Trygg, pero como el animal se mostraba errático, no le quedó más remedio hacerlo él mismo. Desconfiando de su entorno tomó una flecha de su espalda, y armó su arco dejandolo a medio tensar, apuntando al suelo mientras hurgaba con la mirada los alrededores.

Ispoples vio rápidamente a sus atacantes con sus penetrantes ojos. Todos tenían túnicas oscuras, y botas suaves de cuero oscuras. Eran casi invisibles, por la habilidad con que se habían escondido, pero sus pupilas los buscaron con facilidad.

Con la velocidad de un rayo, se levantó del piso el que se había agazapado, y en un visto y no visto, se acercó a una velocidad sobrenatural sobre el bárbaro. Del árbol se lanzó hacia el centauro  otro de los atacantes. Al mismo tiempo, una flecha fue disparada en dirección al Worg. Un último atacante lanzó una daga hacia el lobo.

La flecha lastimó al Worg en un costado, haciéndolo chillar, para  luego lanzar un auyido de rencor. Se dirigía a su atacante con su  acostumbrada fiereza y rapidez. La daga dirigida a la loba rozó su  cabeza para perderse en la oscuridad. La loba corría también  hacia su atacante.

Ispoples con el seño fruncido, gruñendo molesto por la emboscada, soltó el arco y la flecha, nada más para elevarse sobre sus patas traseras con
gran determinación y carácter, al encuentro de su atacante. Utilizó su brazalete para esquivar el ataque de la daga del atacante que caía sobre él. Un fuerte dolor en el brazo le confirmó que acababa de ser apuñaleado. La maniobra del acechador lo hizo caer sobre las brasas de la fogata, causándole un dolor insoportable. El ambiente adquirió el olor a carne quemada.

El ataque inminente hacia Eldrak hizo que se lanzara a un lado rodando mientras agarraba su fiel maza que siempre tenía a su lado.
De manera automática silbó una comando a sus canes para que ambos atacaran a un solo enemigo de manera que el ambos eviten ser gravemente lastimados. Se sentía ligeramente reconfortado por tener a su lado al centauro que parecía decidido a mantener su posición sin ceder.

El bárbaro pudo quitarse de la línea en la que venía cargando contra él su enemigo. Aún así se encontraba al alcance de su daga, por lo que trata de desviar a su enemigo haciéndose a un lado. Eldrak gruñó de dolor cuando sintió el filo metálico abriéndose paso entre la piel de oso que le cubría y su propia piel.

El dolor incomoda al joven barbaro que decide evitar males mayores. Con un fuerte silbido que indica ataque, llama a Trygg y a Fearg el worg, mientras agarra con ambas manos a su atacante para evitar que se aleje de la posición en la que esta, y le clava  sus dientes a fin de reforzar su agarre...

Con la ira creciente producto de su orgullo roto, Ispoples le aplicó una llave al enemigo e intentó rodar con este a cuestas, para alejarse del contacto directo con las llamas. El enemigo del centauro, en un visto y no visto, estaba en el piso doblegado por el centauro, con su mano inmobilizada. Algo debió haberse quebrado, porque sentía un dolor inmenso en una rodilla...

...dientes que se muestran, la baba corre al mentón, ojos que se desorbitan, uñas que se hincan, y una voz profunda, que solo llega al oído del inmobilizado - El hambre que tengo aún no se sacia... tu pirueta hizo que tirara el conejo al suelo - retorciendo más la mano inmobilizada, el centauro le observó sádicamente el cuello, y entonces continuó - pero el olor de tu sangre...  mmmmm!...  me es irresistible...  sigue luchando y con placer...  te devoooooro...

- Aaaargh! - fue la respuesta desesperada del humano que yacía bajo el peso del centauro, al tiempo que forcejeaba con desesperación y dolor. Sudaba frío.

Mientras tanto, el atacante del bárbaro se retorcía de dolor. Trató de zafarse, pero esto no hacía sino incrementar el dolor que sentía. Empezaba a preguntarse si los huesos que llevaba el humano eran de personas que él se había comido.

El bárbaro pudo notar que Trygg se acercaba velozmente para atacar al prisionero de sus dientes. Alguien salió de la maleza con un par de dagas, para atacar al lobo.

El worg se alejó de la fogata, en pos de quien le había herido. Su sobrenatural gruñido rabioso le antecedía sembrando temor. Una flecha más pasó cerca de este, pero la forma en que el worg se acercaba no le facilitaba las cosas, porque no se acercaba en línea recta, sino en zig-zag.

 Participantes en la escena:
Gocho (Eldrak el bárbaro de las montañas, maestro de las bestias),
Wladimir (Ispoples el centauro luchador),
Orestes (Narrador).

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Acto 1 - Escena 1: Al calor de la fogata

(extraído del site del juego: https://sites.google.com/site/juroceweb)



-15 de Septiembre, año 32 Saer Cataclius.

Eldrak, acompañado por sus dos fieles caninos, e Ispoples el centauro, descansaban a las afueras de Solace. Quizá un poco más que las afueras, debido a que había mucha gente en ese asentamiento, debido a  las fiestas previas a la procesión que se hace anualmente en honor a  "Los Últimos Héroes". Tarasal insistía en que debían asistir.

A Ispoples, le comentó que los Últimos Héroes, en particular el grupo de aventureros más famoso de los últimos tiempos, conocidos como "Los  posaderos", habían sido quienes habían salvado a Krynn en la guerra de Caos, y también cuando los Señores de los Dragones, y sus ejércitos, intentaban dominar el continente entero, para ofrecérselo a la Diosa  Thakhisis, la diosa de la maldad.

Este grupo había atravesado el "Darken Wood", y hablado con el Maestro del Bosque en persona. Habían sido transportados por centauros y por pegasos... un lujo que se ofrece a pocos mortales.
A Eldrak, le dijo que era muy interesante, pues en el grupo estaba también el bárbaro guerrero más famoso de todo el contiente, quién fuera el consorte de Goldmoon, quien redescubriera la magia clerical, y la magia mística, más recientemente. Aparte de eso, Solace era un sitio menos hostil que otros para personas poco acostumbradas a la  civilización.

- Sin embargo, mejor es si consigo a alguien de la legión, o alguien  conocido, que nos acompañe. La gente suele prestar poca atención a  nosotros los kenders, y eso me hará difícil hacer que a ustedes los  respeten, en caso de haber un problema. - El kender se imaginaba como  poco factible, un escenario en donde un grupo de humanos dejaban de  molestar al centauro, tan sólo porque un kender se los exigiera.

Fue entonces al final de la tarde a Solace, dejando a Ispoples y a Eldrak frente a la fogata.


Eldrak asaba un conejo que se había procurado cazando junto con Ispoples. El aire traía murmullos de las personas acampando en los alrededores de Solace, y múltiples olores de las comidas preparadas en espera de la noche.




Participantes en la escena:
Gocho (Eldrak el bárbaro de las montañas, maestro de las bestias),
Wladimir (Ispoples el centauro luchador),
Orestes (Narrador).

Heroes de una Nueva Era - Prólogo

(A continuación, el prólogo de la crónica Héroes de una Nueva Era, jugado vía "play-by-post" via google sites, con reglas de SAGA System en Dragonlance 5th Age / Age of Mortals)

- 1ero de Enero, año 31 Saer Cataclius.


"Yo lo veo todo.

Soy el Heraldo, cantor de canciones, contador de historias. He visto ocurrir muchas cosas a lo largo y ancho del continente de Ansalon, y he aprendido aún más de lo que he visto. Así, ahora me detengo, pues a medida que el atardecer trae oscuridad y luz de estrellas a este
día, entramos en lo que los maestros del tiempo llamarían la Era de los Mortales - La Quinta Era de Krynn.

De las sombras de estas tierras desoladas por guerras, temibles y enormes dragones han emergido para subyugar a las razas que dan vida y sentido a Krynn. Los dioses se han ido sin dejar a nadie para contener a estas fantásticas criaturas del mal, más poderosas que cualquiera que hayamos conocido. Y así, he venido a hacer lo que debo en este importante momento. Soy un hombre sin memorias propias - mi mente sólo conoce las memorias del mundo. Quizá dentro de las palabras de mis historias yace el secreto que permitirá que haya un nuevo amanecer en Ansalon.

Treinta años atrás, el Caos vino, literalmente, manifestándose ante nuestros ojos, la encarnación de la furia de aquel que constituye la antítesis del órden de las cosas. Un malentendido aflojó las cadenas que reprimían a su malévolo poder, de cuya misma esencia los dioses forjaron el mundo. Una vez libre, Caos desafió el tesoro más querido de los dioses: el mundo de Krynn. A través del poder de la magia, en ese verano, al que han optado por llamar "el Verano de Caos", todos los hijos de los dioses se juntaron y forzaron la huída de Caos. Éste último aceptó retirarse, pero no sin antes ordenar a los dioses que
lo siguiesen. Esa fue su última afrenta en Krynn: la de apostar con los dioses, a la autodestrucción de ese Krynn sin dioses que dejaban al final del caluroso verano.

Ahora, más que nunca en la historia de Krynn, los mortales se encuentran sólos. Al irse los dioses, se han cerrado las puertas a su más preciado regalo: la magia. Sin ella, los mortales no son competencia de los primeros hijos de la diosa del Mal, la llamada "Reina de la Oscuridad". Ellos, los dragones, son ahora libres de gobernar. Desde más allá de los mares conocidos en Ansalon viene una raza de Grandes Dragones, liderizados por Malystryx la Roja. En una violenta Purga de Dragones, estos grandes y antiguos
dragones lucharon entre si, para reclamar las tierras de Ansalon como suyas. En el amanecer de esta nueva era, los mortales lucharon una batalla desesperada para sobrevivir a las luchas de los colosos hijos de Takhisis, quienes parecían ignorar, o desestimar, la destrucción que causaban en el mundo.
Pero a pesar de que los dioses nos han abandonado, yo digo que aún hay esperanza. Nuestro mundo no fue salvado de Caos para ser dado a los dragones. No fue creado para ellos. Ellos no le pertenecen. Yo percibo que se acerca un momento crucial, la luz del Bien brilla entre los humos del velo oscuro del reinado del Mal. Los nuevos hechiceros han recurrido a la forma más antígua y primigenia de las
formas de magia, para restaurar mucha de la antigua magia de nuestro mundo. Nuestra Ciudadela de la Luz nos enseña a mirar en nuestro interior para encontrar el poder de nuestros propios Corazones. Nuestros espíritus, dicen ellos, son las creaciones más valiosas de los Dioses, y en ellos reside la más especial de las formas de magia.
Los Caballeros de Solamnia continuan dando ejemplo y aliento a las fuerzas del Bien, la Legión de Steel lucha por la justicia, enseñando discernimiento a las mentes de juicios demasiado veloces, y practicidad a las mentes de juicios lentos. Y aún hay más. Los Dragones Metálicos, los primeros hijos del dios del Bien, Paladín el Guerrero Plateado, yacen escondidos, trabajando aún en el mundo.

Esta es una era de descubrimientos, una era de aventuras, un tiempo de héroes, un momento de esperanza. Levántate, amada Krynn, que ha llegado el amanecer de la Quinta Era, la de los Mortales. Conoced esto, gentes de Ansalon: el Bien prevalecerá...

...sólo depende de nosotros."


El Heraldo

viernes, 14 de diciembre de 2012

Jugando Dragonlance en Afganistan: la historia de un soldado

Transcribo acá un relato publicado por Trampas Whiteman en el 2007, en la página oficial de los fans de Dragonlance, Dragonlance Nexus. Habla de la experiencia de un soldado "rolero", que recibió de una de las creadoras de la Dragonlance, los materiales para jugar. Más de 40 soldados jugaron en distintas ocasiones, amenizando la difícil experiencia que es estar en una guerra.

No tiene pérdida! Espero les guste....


Dragonlance Gaming in Afghanistan: A Soldier's Tale
by Jeffrey Empey


Editor's Note: A few years back, in 2003, Jeffrey had e-mailed me about possibly getting some gaming supplies for some of the troops in Afghanistan. Being the son of a veteran myself, I immediately passed Jeffrey's e-mail along to Sovereign Press (now Margaret Weis Productions), who had set Jeffrey up with materials to game. Jeffrey recently e-mailed me with the results. His e-mail touched me deeply. He has given me permission to share his letter with you.

-Trampas Whiteman
November 9, 2007

To all of you who helped me years ago,
My name is Jeffrey Empey and I am a Staff Sergeant in the Pennsylvania Army National Guard. It was late winter early spring in 2003 the last time I wrote you and the unit I was assigned to then was getting ready to deploy to Afghanistan. That was my second combat deployment. I was active duty then and assigned to the 10th Mountain Division out of Fort Drum, NY.
The letter I sent explained how we were getting ready to deploy and that some of us played AD&D but were short on supplies. The hectic schedule just kept us extremely busy and things move very fast while preparing for a large movement. Nobody there at the Nexus may remember but the letter I sent via e-mail was, to my pleasant surprise answered by Margaret Weis. She said that she would do everything in her power to help us out. Well a short time later I received a package in the mail. Its contents included signed copies of the new Dragonlance Campaign Setting, the Age of Mortals supplement and various other supplies. All of these things definitely got their use.
A short while after we got in country a small group of us started to play. I used "The Sylvan Key" in the back of the book to start things off. Out of the four of us that started only two of us had actually played in the past. Now keep in mind that we were and I still am in the Infantry...a grunt. Well I'm sure you can imagine that we took our fair share of ribbing. But there is a beautiful thing about the situation in which we found our selves.
For the majority of that tour I was in a small firebase near the border of Pakistan in Afghanistan. This base housed an infantry company plus some add-ons. Not a whole lot of breathing room. The base consisted of an Afghanistan compound. The type made of hard dried mud. My room was, maybe a little longer but not wider than a single car garage. I have reason to believe the locals we leased it from used it as a stable. Anyway I had the pleasure of sharing our stabling with about 25 other sergeants. We had bunk beds, kinda.
As you can see the living conditions were a little cramped. My bed (well wooden slat really) was the first one you pass when you come in the doorway and our little playing area was just off the foot of the bed.
We played every chance we got and had a great time. When one of the other guys would come in the hooch (room) they would make a snide remark or chuckle or what ever.
Obviously in great tradition we carried on having a blast....I'll get to that later, bad pun. So time went on. Some of those hecklers had no choice but to see us laughing and carrying on like a bunch of Kender in a Solace prison. Anyway some of them started watching the game as it evolved. And wouldn't ya know the question eventually came. "Can I play?"
I think we rotated out something like 40 different players out of three campaigns over 9 months. The character turnover though not rapid was frequent enough that we laminated the character sheets with acetate so we could erase everything with ease. If someone would die there was always someone waiting to take his place. It was amazing. I have never really experienced anything like it. It was like some kind of Dragonlance camp at times. We had periods of time where we would play for hours on end day after day.
Missions, guard duty, and other events would interrupt us of course. And frequently...for long periods of time. Anyway, there is nothing quite like rolling dice just to have them tossed off the table because an enemy rocket exploded a little too close for comfort. I would get off of a mission take a shower, grab a bite maybe take a quick nap, but always go back to the game. It's amazing just how much laughter can come out of a dismal situation.
People ask me what it was like over there. I always give the standard "Its dusty" but when they ask I always remember my friends and I laughing our asses off. Playing the game was our escape from war. That's how we got away.
Well we got back and life happened. I got out of active duty and went back home to Erie, PA. I lost touch with almost everyone in the unit...but I still have a campaign setting that smells of the desert and a small stack of characters who make sporadic appearances in various parts of Krynn.
Well as I said before I am now in the PA Army National Guard. Infantry...again. And surprise surprise, I get to go on my third all expenses paid trip to the land of dust. Actually we may be going over to the land of sand but we won't know until the last minuet. This recent news just got me to remembering, I never thanked you for all you have done. At the very least you saved me from spending the time I had off staring at the bottom of the top bunk for 9 months. But you helped keep me and my friends from dwelling on things best left un-dwelt upon. Thank you.
Now that Dragonlance is battle tested and combat approved you can be sure that all of your favorite characters of the past and present will be going to war with me...again.

Yours truly,

Jeffrey Empey
SSG Infantry
PAANG

viernes, 15 de junio de 2012

JuRoCE - Nueva Era, progresando...

Tengo el agrado de comentar que el JuRoCE en su Nueva Era, jugado en este google-site, ha ido progresando. Si bien hay 3 jugadores que han estado inactivos, el resto ha participado de forma más o menos contínua.

Seguimos experimentando con formas para evitar que el juego se "duerma". Espero tengamos éxito en eso!

En la página hemos colocado un "sketch" con algunos de los personajes, creados en la aplicación online HeroMachine.

¡Seguiremos informando!

viernes, 4 de mayo de 2012

La maldición de los juegos de rol en línea

Cito/traduzco un párrafo de la página nuketown:

Jugar juegos de rol en línea es un infierno. Sea por blog, foro, correo electrónico, (...) [etc], mantener un juego puede ser casi imposible. Aunque no tengo información específica sobre esto, mi apuesta sería que sólo 1 en 10 juegos en línea tienen éxito, y esto es probablemente brutalmente optimista - el número verdadero probablemente está cerca de 1 en 50.


Así pues, JuRoCE, en su versión vía correo electrónico, no hizo sino engrosar la estadística (ya bastante gordita) de juegos de rol en línea "fracasados".

Esperemos que nos vaya mejor con esta nueva versión en google sites, con una dinámica similar a los juegos play-by-wiki. En cuanto pueda, tomaré varios de los consejos de este post que he citado.

viernes, 27 de abril de 2012

Reactivación de la Crónica de JuRoCE

Recientemente JuRoCE se ha reactivado. La historia se ha recomenzado algunos días luego de los hechos que acontecieron la última vez que se jugó. Ha habido los siguientes cambios:
1) Algunos jugadores (y personajes) ya no están participando, por distintos motivos. Se mantienen Gwydeon Ragnarok, Osbearn Stronghelm y Tarasal Pocketfinder.
2) Hay nuevos jugadores (y personajes): Un bárbaro del norte, un centauro luchador, y próximamente un héroe de capa-y-espada.
3) El juego se está jugando escribiendo de forma colaborativa en un "site" de google: https://sites.google.com/site/juroceweb. Esto facilitará el seguimiento de la crónica, y ahorrará trabajo al narrador!
4) Se abandona la TiddlyWiki que se había creado para JuRoCE. Se sigue actualizando esporádicamente la SagaPedia.

 El sistema de juego sigue siendo SAGA System.

¡Esperemos que esta crónica si podamos tener la constancia como para terminarla! (eso va principalmente conmigo, que soy el narrador :$ )

viernes, 16 de abril de 2010

"Enciclopedias" TiddlyWiki de SAGA y JuRoCE

Jugando con la tecnología TiddlyWiki, he construído dos "enciclopedias" (en realidad guías de referencia rápida) sobre el sistema de juego SAGA para DragonLance en la Era de los Mortales, y una sobre la crónica que ha tenido lugar en JuRoCE:
Espero pronto retomar JuRoCE, aunque no tengo moral para prometer nada... :o)

Por lo pronto me sirvió para agarrar experiencia con la herramienta. Pienso usarla prontamente como herramienta de apoyo en las clases que dicto en la universidad.

No debería olvidar mencionar que la JuRoCEpedia fue inspirada por EncounterADay.

viernes, 30 de mayo de 2008

Resumen de la 3ra Compilación

FE DE ERRATAS: en los anteriores resúmenes, dije que en la sección de "Links" podían acceder a la versión detallada de la Compilación. Sin embargo, eso es totalmente errado, es en la sección de "Files" del grupo yahoo... disculpas por las molestias causadas! Ahora si.... continuemos con el 3er resúmen para ponerse al día con la historia! Acompañando a este resumen, encontrarán un esquema en donde se muestra la localización de los personajes de la caravana.

3ra COMPILACIÓN

Gwydeon respondió la señal y brevemente pidió al par de figuras identificarse, no sin antes hacer notar su inconformidad con el método utilizado para contactarlo. Hizo con cautela una segunda señal secreta de la Legión de Steel. Si respondían a esa última, era prácticamente seguro que los encapuchados eran efectivamente legionarios.

Argento, por su lado, procuraba mantener su hacha en su mano, mientras lo invadía la frustración de haber caído tan fácilmente, estando en su terreno. La magia siempre le hizo sentir indefenso y frustrado, y esta no era una excepción.

El presunto legionario respondió correctamente la señal a Gwydeon, mientras escuetamente parecía disculparse. Lo llamó por su nombre y se identificó como miembro de una célula de los territorios de "Tormenta sobre Krynn" (Palanthas y sus alrededores, cuyo Dragón regente recibía ese sobrenombre). Explicó que su misión era entregarle un objeto muy especial, que sería extramadmente útil en la ejecución de su misión, la cuál reconoció desconocer. El objeto debía ser entregado de vuelta al finalizar la misión, en total secreto. Los gemidos de Argento que se debatía por liberarse de sus ataduras y destapar sus sentidos, instaron al legionario a apurarse.

Le dijo a Gwydeon que el leñador no debía saber quiénes eran ellos, ni de dónde vinieron, ni lo que habían entregado. Al finalizar el hechizo, toda su fisionomía volvería a la normalidad. Esto iba a ser, en un largo plazo, mucho más inócuo que borrarle la memoria...

La otra figura intentaba encontrar una forma para evitar que el leñador rompiera las cuerdas de las boleadoras. El interlocutor de Gwydeon se despidió, colocando en el suelo un pequeño paquete, y sugirió a Gwydeon evitar que el leñador rompiera las boleadoras, porque éstas podrían ser de utilidad. Luego de una señal a su acompañante, ambos rápidamente se fundieron en el bosque hacia el norte.

El medio-elfo, un poco más calmado, recogió y guardó el paquete, y se giró hacia su amigo para ayudarlo.

* * *

Hilltop habló al líder de la Garra reclamándole que no contento de estar mejores armados que los de la caravana, ahora los quería indefensos. Después de todo ¿Cómo sabrían ellos que la búsqueda de los caballeros sería honorable, cuando no se les permite defender ni sus palabras ni sus pertenencias?

"Cuando pelees con un nido de abejas, mata a la reina" - razonaba mientras tanto Aelensar. Había que dominar al jefe de la Garra. Se interpuso en la conversación y con firmeza hizo saber al caballero oscuro que a ellos les sería imposible cumplir con lo solicitado. Luego de reconocer la fama de combate honorable (!?) de los caballeros, y el deber que ellos como escoltas tenían de proteger a sus clientes, por lo cuál no iban a ceder sus armas. Prometió que las mismas no serían usadas, mientras la revisión se llevara a cabo. Aún así, si esto no convencía al caballero, el mercenario ofreció un acuerdo alternativo.

Dijo que hasta ese momento no había tendio el placer de medirse en campo de batalla con un caballero de takhisis, y que él sólo podía respetara a quienes se mostraran dignos en combate. Por lo tanto, propuso un duelo. Si ganaba el líder de la garra, depondrían las armas y se someterían a revisión. En caso contrario, la revisión podría llevarse a cabo, pero los escoltas conservarían sus armas.

Aelensar esperaba que su victoria (de la cuál no dudaba) daría ventaja "moral" por sobre los caballeros, y sería factor de distracción para que las elfas pudieran escabullirse. Lo que aún dudaba era si, al ganar, mataría al líder, o lo usaría para alejar a los demás, o cumplía la promesa.

El líder de la garra vio con asombro y admiración al mercenario, y aceptó el desafío. Gregarious Hilltop empezó a aplaudir y animar a la gente con expresión de infante en feria esperando la caída del bufón. Sin embargo, sus ojos buscaban la ballesta más cercana. El problema era que esta guindaba del cinto del propio Aelensar.

Con nerviosismo las personas empezaron a "animar" el combate, entre rezos y expresiones de incredulidad. La expectativa fue interrumpida súbitamente por la desaparición del misterioso bosque que hacía poco se había materializado, trayendo consigo a los caballeros y sus secuaces élficos. En su lugar, se extendía la pradera que normalmente debía encontrarse allí.

"¡Maravilloso! Ahora hay más espacio para la justa!" - exclamaba Hilltop en medio de sus azuzantes palabras.

PD: En la sección de "Files" del grupo yahoo podrán acceder a la versión detallada de la Compilación.

jueves, 29 de mayo de 2008

Resumen de la 2da Compilación

En esta compilación, se vuelve sobre la escena añadiendo un poco más de información. En esta época, no estaban definidas claramente en JuRoCE a qué cosas podía responder un jugador. Algunos de ellos respondieron a partes bastante "tempranas" de los hechos narrados en la 1ra Compilación, por lo que la 2da parece "repetir" algunas cosas.

El Heraldo narra como en New Port, el kender Tarasal Almondeyes Pocketfinder terminaba de escribir en su pequeño libro, un relato de sus últimas aventuras, cuando se enteraba de que iba a partir al día siguiente una caravana hacia Solace.

Decidió ir en esa caravana junto a Skimpiut Bratlip, un kender amigo suyo (cuyo cuerpo servía de huésped al alma de un kender fallecido), para visitar el monumento construído en honor a los últimos héroes (se refiere a los héroes fallecidos en la Guerra de Caos, que se narra en la novela "Dragons of Summer Flame" o "El Ocaso de los Dragones"). Esperaba que esta visita animara al alma en pena que habitaba temporalmente el cuerpo de su amigo.

Acomodó sus pertenencias para partir, y fue en compañía de su "habitado" amigo, y su mascota Penny. Tras un breve e incómodo encuentro con el líder de la caravana, se dedicó a examinar al grupo.

Mucho le llamó la atención el anciano que acompañaba a las elfas, quién hizo alguna mención extraña sobre unos engendros en un diálogo muy poco entendible, que duró hasta que entró en cuenta de que hablaba a un kender, tras lo que procedió a auyentarlo.

Durante los primeros días de travesía, Aelensar se sintió muy intrigado por la bella mujer en harapos. Notó que parecía no acostumbrada a los trabajos y sufrimientos de un indigente.

El interés del mercenario no pasó desapercibido por la mujer, quien descubrió en sus pensamientos cierto sentimiento de superioridad respecto al mercenario, que no supo explicarse. Al menos no mientras no recobrara su memoria.

Kieran Carr permaneció ensimismado durante la mayor parte de la travesía, todo lo contrario de Tarasal el kender, quien se mantuvo alegre, conversando incluso con su pequeña mascota. Se autoasignó la tarea de "explorador de vanguardia" y ayudante de cocina.

Cuando los caballeros de takhisis hicieron aparición, Aelensar, quién había sido contratado para salvaguardar los bienes y vidas de los viajeros, puso su mano en el mango de la espada. Sabía que se encontraban cerca de los dominios del dragón verde llamado Beryl, o cariñosamente (!?) "La Muerte Verde", es decir, el bosque de Qualinesti, cuyos habitantes usuales, los Elfos Qualinesti, estaban sometidos al yugo tanto del dragón, como de los caballeros de takhisis.

Súbitamente la voz chillona de Tarasal se elevó por encima de la tensión que hubo ante la pregunta del caballero, explicando que no habían visto a ningunos Elfos Rebeldes, tras lo cuál le dijo al líder de la Garra que él mismo parecía un rebelde.

Aelensar se ocultó discretamente tras una carreta, y se percataba de la presencia de místicos entre los caballeros de takhisis. Su alma se contentaba y preparaba para la batalla. Él y su espada, su espada y él.

Los símbolos que se dejaban ver en los relieves de las armaduras oscuras trajeron a la mujer en harapos imágenes y recuerdos dolorosos. Nada es más doloroso que recordar haber deseado la muerte.

Gregarious Hilltop, por su parte, liberaba el seguro del sable con discresión mientras señalaba a sus compañeros de viaje que se cubrieran y esperaran. Kieran Carr murmuró a Hilltop su idea de que si había que escapar, lo hicieran hacia el bosque.

Hilltop miró con una sonrisa hacia el cielo, y estudió la actitud de los potenciales enemigos, y la de los demás caravaneros. El líder de la caravana estaba consternado. Con decisión se quitó la capa y avanzó hacia el líder de la garra levantando una mano y una sonrisa inocente.

Aelensar lentamente se interpuso poco a poco entre la caravana y los caballeros, contra todo buen juicio, cosa que preocupó un poco a Hilltop.

Kieran veía con preocupación la escena, y lo inundaron pensamientos de redención, mientras pensaba en posibles estrategias que surgían de sus pasadas experiencias militares. Por Ellemir, lucharía sin descanso.

El líder de la caravana hizo un intento por mostrar tranquilidad, inocencia y deseo de colaboración a los caballeros. El intento fue infructuoso, por cuanto el caballero solicitó a los caravaneros no poner resistencia mientras los caballeros se aseguraban de que entre ellos no había algún elfo rebelde.

Ritchgard Blackmore, Caballero del Lirio Negro, se reía al ver las caras de susto de los caravaneros, sin perder aún la simpatía por estos. Eran varios los que debían pagar "el error", y él se encargaría de que así fuese.

Aelensar se preocupó por las elfas, pensando que quizá ellas podrían ser rebeldes, y se decidió a no permitir que se llevaran a nadie, ni siquiera al kender. También se preparaba para la lucha la mujer en harapos, aunque no recordaba haber recibido entrenamiento militar. Estratégicamente era claro que la garra estaba mucho más organizada que los caravaneros.

La sonrisa de Hilltop se transformó en angustia brevemente, pero reapareció mientras daba un paso alante dirigiéndose al líder de la garra saludando con cortesía y extraño entusiasmo. Les recomendó ir hacia el bosque, pues entre ellos no encontraría sino súbditos de La Muerte Verde y ocupados viajeros.

Dijo no pretender retarlos, pero les hizo notar que ellos estaban lejos de casa, y cerca de Solace, por lo que una patrolla de guardía podría aparecer en cualquier momento. Bien podían - dijo- regresar con las manos vacías pero estando ellos completos, o con las manos vacías pero con algunos cadáveres a cuestas. En la Caravana no había rebeldes, y ellos ya habían fallado en su persecución. Sugirió no hacer su desgracia aún mayor, paradójicamente con el mismo respetuoso y jovial talante.

El par de kenders se habían ido hacia la vanguardia de la caravana. La harapienta decidió acercarse a las elfas, con discresión.

El líder de la guardia, cuando Hilltop terminó de hablar, reforzó la orden de registrar a los caravaneros, y se dirigió a Hilltop dejando en claro que la revisión se haría, aunque prometiendo que no habría daños si había cooperación. De lo contrario, lamentarían haber existido. Finalizó ordenando la deposición de las armas, y recomendando a los caravaneros que finalizaran la ilusión y se rindieran. Era evidente que él estaba convencido de que alguna magia ilusoria estaba en uso en ese momento.


* * *

Argento D´Alessandro no parecía el típico leñador, pues portaba un hacha doble que más parecía apta para combate que para árboles, y su cabeza y cuerpo iban protegidos con una armadura de cuero. El hacha, que medía lo mismo que él (es decir, no mucho), siempre era llevada consigo a dondequiera que fuese.

Al partir, Gwydeon el medio-elfo notificó a Argento que sospechaba que eran objeto de vigilancia, por lo que recomendó hacer el trayecto de la travesía lo más confuso posible, para ganar tiempo. Recomendación que fue seguida con fe ciega por Argento, quién seguía sin darse cuenta de su perseguidor.

Al llegar a un lugar más "seguro", Argento se relajó y se dedicó a afilar su hacha mientras descansaba de la tensión. Gwydeon en cambio, estaba tan atento que rayaba en la paranoia, dispuesto a atravezar con su filo, sus flechas o su magia, a cualquiera que osara amenazarlos. En sus pensamientos rememoró su pasado reciente como mercenario, profesión a la que tuvo que dedicarse cuando no pudo seguir en la Alta Hechicería en cuanto acabó la Guerra de Caos. Recientemente había encontrado cobijo y esperanzas en brazos de la Legión de Steel, en donde cultivó sus talentos con la nueva magia.

El par dejó el sendero cómodo, adentrándose en el bosque, el verdadero hogar de Argento, quien nunca se sintió cómodo en las comodidades de la civilización. Empezaron a subir hacia la parte más baja del filo de la corta cordillera que tenían ante ellos.

De la espesura, dos figuras encapuchadas sorprendieron al leñador y al legionario. Gwydeon reconoció a una de ellas como la figura que les había espiado al iniciar su expedición. El otro ser arrojaba ya unas bolas (también llamadas boleadoras), que enseguida enredaron los pies de Argento, a quien las orejas y párpados se le cerraban inexplicablemente, impidéndole ver y escuchar.

El otro encapuchado no atacó a Gwydeon sino que le saludó haciendo un gesto con la mano, que corresponde un saludo secreto enseñado en la Legión de Steel.

miércoles, 28 de mayo de 2008

¿Por qué hay dos grupos de JuRoCE?

Como ya he dicho anteriormente, hay dos grupos donde se puede postear para hablar sobre JuRoCE. ¿A cuál debo escribir? se preguntan ustedes....

De acuerdo, esta es la forma de saberlo:

  • Grupo Yahoo:
    Escribe acá, si vas a escribir para hacer comentarios sobre el juego... desde una burla o chiste, hasta una duda sobre DragonLance, o sobre la historia.
    a) Si eres "lurker", éste es el único grupo al que puedes escribir.
    b) Si eres jugador, puedes escribir haciéndote pasar por "lurker", escribiendo "inocentemente" desde tu cuenta personal de correo (LOL). También puedes escribir como enigmático jugador, desde la cuenta de correo "fantasma" (la que se usa para escribir los posts en cada "turno").
    El link del grupo Yahoo es: http://games.groups.yahoo.com/group/JuRoCE/
  • Grupo Google:
    Escribe acá, sólo si eres jugador, y deberás hacerlo obligatoriamente dese la cuenta de correo "fantasma". Para mantener el orden en el grupo, los "Lurkers" no pueden escribir acá. Este es el link del grupo: http://groups.google.com/group/JuRoCE
Nótese que los "lurkers" deberían inscribirse en el Grupo Google, para poder seguir disfrutando de la historia, pues ahí es donde la continuaremos "construyendo" en conjunto los jugadores y yo.

Resumen de la 1ra COMPILACIÓN:

PRÓLOGO

El Heraldo, un bardo cuenta-cuentos con una percepción sobrenatural de los hechos que acontecen en Krynn, habla sobre la llegada de la Era de los Mortales, la guerra de los dragones, y la nueva magia en ausencia de dioses. En su parlamento, habla sobre las nuevas fuerzas militares surgidas en Ansalon, como lo es la Legión de Steel, y hace un llamado a los mortales de Krynn, para tener fe en que el Bien prevalecerá.

ACTO I

APARICIONES

El Heraldo narra en una posada las historias de los héroes que protagonizan la historia narrada en JuRoCE. Comienza describiendo como en el puerto de New Port (continente de Abanisinia) Aelensar Lathe, un introspectivo mercenario humano quién llega sobre su caballo sin poder evitar fijarse en 2 elfas que llegaron a unirse a la misma caravana que él, junto a un viejo y excéntrico anciano; posteriormente notó la presencia de una mujer bella pero cubierta de mugres. Finalmente, da cuenta de la presencia de un par de pequeñas figuras. Una de ellas resulta ser un extraño kender adornado con plumas y portando un pequeño libro. Del otro la raza tuvo que quedar sin ser identificada. En todo caso esto resultaba menos interesante que seguir indagando sobre las elfas, en especial en una cuyos áureos cabellos asomaban levemente bajo la capucha de su capa. Su nombre, se descubriría despues, era Adaline de Silvanesti.

La mujer en harapos (no sólo la mugre la protegía del Sol), buscaba caras conocidas y recuerdos entre las personas allí presentes. Recientemente se encontró casi ahogada aferrándose a la arena, luego de un evidente naufragio. Tanto la nave en que venía, como las memorias que alguna vez tuvo, parecían haberse esfumado entre las olas. Un viejo mendigo fue solidario con ella, y le proporcionó algo de telas secas a modo de ropa. Reconoció en su planta del pie un dibujo del lago Crystalmirk. ¿Por qué había sido tatuado eso en su pie? ¿lo había hecho ella misma?. En todo caso, ese Lago quedaba al lado de Solace, por lo que se las arregló para inscribirse en la caravana que se preparaba para salir en esa dirección.

A todos llamó la atención la llegada de un par de marinos y un guardia con las vestimentas que lo identificaban como perteneciente a la Guardia de la Ciudadela de la Luz. Los 3 personajes venían en una carreta prácticamente vacía. Uno de los marinos le pareció bastante familiar a la mujer en harapos. Se trataba de Gregarious Hilltop. El otro marino, el experimentado Kieran Carr y él habían sido enviados desde la Ciudadela de la Luz en busca de armas a Solace. La paga iba a ser buena, aunque la diligencia resultara aburrida. A Gregarious Hilltop la mujer en harapos también le resultó conocida, aunque con incomodidad tuvo que reconocer que su memoria no daba para más detalles.

La caravana partió hacia Solace sin mayores eventos, hasta que varios días después, un extraño bosque apareció en el lugar de la amplia llanura por la que circulaba la caravana, y de él surgieron 10 jinetes elfos y 9 caballeros cubiertos de armaduras negras. Confudidos, los caballeros preguntaron por "los elfos rebeldes" a los miembros de la caravana. Era evidente que venía en persecución de un grupo de elfos qualinesti.

* * *

En una posada de Solace, Gwydeon Ragnarok, medio-elfo hechicero y afiliado a la Legión de Steel, y Argento D´Alessandro, un leñador con un corazón grande y una estatura pequeña, discutían los detalles de una excursión que harían a las cercanías de Solace. Rumores de fuentes en qualinesti hablaban sobre una nueva forma de encantamiento relacionada con el uso de la obsidiana habían dado motivo a su nueva misión. Con esta misión se ganaría el nombre de Legionario en toda la extensión de la palabra. Dejaría de ser un aprendíz. Al conversar con Argento, éste le dijo conocer un lugar cercano a Solace en el que había una veta de obsidiana, y había accedido a guiárlo por los bosques que rodeaban a Solace, para indicarle el lugar de la veta.

Verificó el equipo del que disponían para hacer el corto viaje, y ambos dieron inicio a la expedición, bajo la vigilancia de una misteriosa figura envuelta en una capa gris.

Encuesta semanal sobre JuRoCE

Dicen que uno debe siempre hacer en su cumpleaños algo que le guste mucho. Por eso, aunque no tengo un "post" (nueva jugada) para reactivar a JuRoCE, ayer "postié".
El "post" en cuestión es para "alborotar el avispero", como decimos en Venezuela. En otras palabras, tiene la intención de provocar que haya interacción entre quienes pertenecen al grupo yahoo de JuRoCE.

Semanalmente publicaré un par de preguntas "abiertas" (no cerrada como las votaciones o "polls" de yahoo) para que todos den su mejor respuesta y/o comentarios... :oD

"Everyone`s invited", cómo dice el slogan y me lo robo por hoy.

Mientras tanto, me doy tiempo de preparar unos resúmenes de lo que ha
ocurrido en el juego, para que no tengan que releerse las compilaciones para
ponerse nuevamente al día.

Como imaginarán, estoy yo mismo tratando de retomar las cosas, para
continuar el juego.
Bueno, sin más preámbulos, acá van las preguntas!!!!:

1) Le gustó el beso de Gregarious Hilltop a Adaline?

2) qué edad tiene J-Tarasal?

3) Por qué Gwydeon está interesado en buscar una veta de obsidiana?

4) qué se ganaran al responder las preguntas?

Como ven... por haber sido mi cumpleaños, estoy generoso... y he puesto 2 preguntas adicionales.

Espero disfruten respondiéndolas!

PD: Las respuestas se esperan mediante el grupo yahoo de JuRoCE! Sin embargo son bienvenidos los comentarios hechos a este blog.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Aclaratorias...

Hay algunas aclaratorias que pueden facilitar el disfrute y entendimiento de esta historia:

  1. Gilean es el dios de la neutralidad. Cuando los Dioses aún rondaban Krynn, Gilean era considerado el guardián del Río del Tiempo, y del Libro Sagrado de la Vida (Creo que así se llaman). Todos los pertenecientes a la órden de aéstetas de la Librería de Palanthas rendían honores a Gílean, y se murmuró siempre que quien dirigía dicha librería (Astinus de Palanthas) era el mismísimo avatar de Gílean.
  2. "Garra" es el término para los grupos de 5 a 8 caballeros de takhisis,... más o menos equivalente a una patrulla.
  3. La Compilación #2 tiene partes del texto de la Compilación #1. Esto tuve que hacerlo, debido a que algunas de las respuestas de los personajes, luego de publicada la 1ra compilación, eran referidas a hechos que no eran los últimos de esa compilación. Por ello tenía que repetir los párrafos necesarios para que la respuesta de los jugadores tuviera contexto. En sucesivas compilaciones esto es minimizado debido a una estrategia distinta en la que yo marcaba como "Pasado" aquello a lo que ya se había perdido la oportunidad de "responder", y como "Presente" a las acciones a las que se espera que los personajes reaccionen de inmediato.
  4. Los personajes que corresponden a jugadores son:
    - Aelensar Lathe
    - Argento D´Alessandro
    - Gregory Hilltop
    - Gwydeon Ragnarok
    - "Harapienta"
    - Kieran Carr
    - Tarasal Pocketfinder
    - Zasthia Lyen

    El resto de los personajes actúan según las órdenes del narrador (es decir, yo). Ninguna de las identidades ha sido revelada hasta el presente de manera formal. Todos "postean" desde cuentas de correo "fantasmas". Por ejemplo: Zasthia.Lyen@gmail.com.... Todos, sin embargo, son amigos míos, lo cuál le ha dado siempre un aire de misterio interesante. Los jugadores interactúan entre si sin conocerse, lo cual de alguna manera creo que ha ayudado a hacer que la calidad de los posts haya sido tan buena. El mérito por la historia y la redacción no debe ser atribuído a mi persona, ya que es un trabajo conjunto tanto de jugadores como del Master.
Pronto estaré pidiendo a mis jugadores que elaboren una descripción de sus personajes para publicarla en este blog.

Brisas de Alivio / El Plan de Hilltop - Compilación #3

-12 de Septiembre, año 32 Saer Cataclius.



Brisas de Alivio

Gwydeon el medio-elfo les dirigió una mirada de aprobación, ya la ira se había
ido de sus ojos, después de todo, eran sus hermanos. Alcanzó tan sólo a decir
gracias, mientras recogía del suelo el extraño paquete, el cual se guardó
en su alforja, atada a la cintura. Rápidamente se giró hacia Argento, que
hacía ya el intento de cortar las cuerdas. Había aprendido que era una
buena idea escuchar los consejos de un Legionario...

Argento ya tanteaba las cuerdas de las boleadoras con una mano, mientras
acercaba con premura pero firmeza su enorme hacha para rozar con el filo
las fibras que lo inmobilizaban. No quería detenerse a buscar su cuchillo,
pero tampoco se arriesgaría a blandir violentamente su hacha para librarse.
Siendo que su hacha siempre estaba bien afilada, con seguridad no tardaría
en lograr su objetivo. Si tan sólo pudiese oír y ver lo que ocurría a su
alrededor podría evitar el empezar a ser ganado por el pánico.

Al ver cómo se alejaban los encapuchados, Gwydeon echó una vista rápida a
su amigo, que seguía intentando cortar las cuerdas. Se movió hacia él, con
la cautela suficiente para que el mismo no recibiera daño del mismo
Argento, ya que podía ver que sus ojos estaban cerrados (probablemente
efecto de la magia) y podría confundirlo con un enemigo. Se colocó detrás
de él, rápidamente, y empezó a palmear sus hombros. Sin embargo no podía
dejar de estar alerta por si Argento no lo reconocía...

* * *



El Plan de Hilltop



Tarasal realizó su mejor esfuerzo por dibujar en sus mapas detalles de cómo
lucía el bosque de hace algunos instantes y cómo lucía la pradera luego que
éste desapareciera... pero su empeño se debatía con el interés que tenía
por el duelo que estaba por comenzar...

...las consecuencias de ese debate no dejaron de hacerse presentes en el
resultado de sus bocetos, evidentemente.

El Caballero Oscuro miró ceñudo el raro espectáculo de la "desaparición" de
lo único que a él le parecía más o menos creíble de la escena, los árboles,
y pareció meditar por unos segundos su situación.

"Tal parece que lo que parecía ilusión se muestra como real, y lo antes
real se desvanece de la vista de forma burlona. Aunque nos encontremos en
las cercanías de Solace como ustedes aseguran, este duelo se ha de llevar a
cabo."

Tarasal se apresuró a transcribir esas palabras en su libro, interrumpiendo
bruscamente su bosquejo, a la vez que le decía a su compañero que prestara
toda la atención en lo que estaba por acontecer, pues él sería su mayor
colaborador en la posterior redacción de aquel interesantísimo capítulo de
su viaje en la caravana.

El taciturno compañero lo miraba con ojos extraviados intentando comprender
lo que se exigía de él.

"No esperaba menos!" - pensó Aelensar al escuchar las palabras del
aparentemente honorable Caballero de Takhisis. Ya sentía la espectativa del
combate a su alrededor, y cómo sus músculos se contraían, anticipando la
batalla. -"Pero, que me devore la oscuridad, no entiendo qué es lo que pasa
con ese maldito bosque!" - Frunció el ceño, al pensar una vez más en cuánto
le molestaba su poco entendimiento de la magia.

"Aún los legionarios" - prosiguió el Caballero - "deberían tener la
sensatez de esperar la finalización de este duelo antes de intentar obrar
en nuestra contra" - hizo una pausa dramática, como para dar intensidad a
su afirmación, y continuó- "No será necesario que exijáis el complimiento
del acuerdo, pues éste será respetado por mis caballeros" - dijo mirando
con severidad a sus seguidores, en especial a los elfos.

Tarasal acompañando la alegría que había mostrado su compañero de viaje
Greg hacía unos momentos, comenzó a gritar palabras de ánimo y apoyo al
valiente mercenario: "¡adelante! ¡que comience la justa! ¡no debéis hacer
caso alguno a esas palabras!".

"El código indica que el más apto de los integrantes de la garra será el
encargado"- dijo señalando a un fornido caballero cuya montura llevaba a
cuestas una gran espada. El señalado hizo una reverencia y avanzó dos pasos
su caballo como gesto de aceptación de su designación, sondeando las
expresiones de sus compañeros. "En caso de que los restantes lo consideren
poco apropiado," -prosiguió el Jefe de Garra -"deberán retarlo luego a
muerte para tomar su lugar... pero estas menudencias no son de vuestra
incumbencia."- advirtió el Caballero Guerrero, cerrando el tema rápidamente
para atender a cuestiones más relevantes.

"¡Qué no escape nadie, mientras se resuelve este duelo, caballeros, y no
intervengáis!"- y dicho esto descendió de su caballo y desenvainó su
elegante espada larga.

Observando al Líder de la garra desmontar, Greg dio dos pasos hacia atrás,
para inmediatamente, y sin frenar su movimiento, girar sobre la pierna
izquierda ciento ochenta grados. Ubicando a Kieran se dirigió a él, primero
con pasos resueltos y luego con largas zancadas. Su actitud parecía casual,
y su eterna sonrisa se extendía en su rostro con cada paso.

Sin perturbarse el retador Caballero continuó - "Si no deseáis que el
combate finalice con vuestra muerte, honorable guerrero, pedid clemencia, y
os será concedida. De lo contrario, iréis a donde quiera que van las almas
en este mundo olvidado por sus dioses".

Con voz firme, el mercenario respondió a su contrincante: "Aquellos que
entran al campo de batalla a matar por la espada, han de estar preparados a
morir por la espada. Si quisiera clemencia, me podrías ver de mendigo, y no
de guerrero. No estoy entrando a esta pelea a pedir clemencia, así como
estoy seguro de que tú tampoco. No exijo muertes... Pero no rogaré por mi
vida..."

"Todos observen la valentía de nuestro Ael" continuaba diciendo la voz
chillona... y de repente en tono burlón dijo "y miren la actitud
escurridiza del campeón de la Reina Oscura", "¿quién demuestra ante
vuestros ojos que desea combatir y quién no?", "¡Aja!, ¡como que tiene
miedo!" y dicho esto, el kender empezó a gritar cada vez más fuerte "¡tiene
miedo!, ¡tiene miedo!".

El Caballero se sonrojó de ira, y pareció que iba a embestir al kender, en
lugar de al mercenario, pero uno de sus hombres puso su mano con firmeza
sobre su hombro diciéndole en voz baja: "¡la visión, mi señor, revisadla
antes de continuar!". El caballero se detuvo, miró levemente hacia el
horizonte como quien recuerda las palabras de su padre, y su expresión se
tranquilizó, adoptando una faz seria, inmutable, resuelta. Mirando
nuevamente a Aelensar a los ojos, hizo una seña con la mano izquierda a sus
subalternos.

Los hombres de maliciosas armaduras y los Guardias Qualinestis se empezaron
a distribuir a lo largo de la caravana en actitud vigilante, mientras el
Líder Oscuro, arrojaba su capa sobre su montura, se alejó lateralmente de
su caballo unos 5 metros, e hizo un gesto levantando la espada hacia su
frente, y haciéndola descender con el filo vertical, muy lentamente, hasta
que la punta rozó el suelo, en dirección hacia Aelensar. No se molestó en
descolgar el escudo de su caballo.

El kender eliminado el tono burlón de sus palabras, dijo con la "seriedad"
que correspondía al caso: "Bravo, por el audaz Caballero nariz de águila",
"que comience el combate".

Aelensar, a su vez, hizo lo propio. Desmontando de su caballo, se despojó
de aquello que pudiera entorpecerle en el combate (su capa de viaje, por
ejemplo, aunque se quedó con su ballesta. Era lo bastante pequeña como para
no molestarle durante el encuentro, y nunca se sabía cuándo se necesitaría
otra arma), e hizo algunos estiramientos y mandobles con su espada (unos
cuentos días a caballo bastan para entumecer al más pintado). Dió un
rápido vistazo alrededor, para conocer el terreno, y tratar de ver
cualquier característica del mismo que él - o su enemigo - pudiera usar en
la batalla.

Sin esperar más, Ael se cuadró frente a su adversario... "Bien, amiga mía,"
- dijo sólo para él y su espada - "una vez más, como tantas otras, es hora
de demostrar cuánto valemos." - Y una vez más, como tantas otras, sonrió...

No bien el Jefe de Garra culminó su invitación a la batalla la negra y
metálica figura, se oyó la impertinente voz del anciano: "¡Enciéndan una
luz, por Gilean! ¿Qué no ven que ya se ocultó el sol?". Ante esto, en 5 de
las caravanas se encendieron antorchas, y sus ocupantes se acercaban
caminando lentamente a observar el combate.

"¿¡Giiileaaan!?"- Exclamó con sorpresa el kender, que se había sentado
cruzando sus pies sobre el pasto, viendo con curiosidad hacia el anciano.

Tarasal observó al anciano con gran curiosidad, debería hacerle algunas
"pocas" preguntas. Sumergido en estos pensamientos comenzó a recordar sus
viejas aventuras, cuando fue compañero de un Aésteta de la Librería de
Palanthas. Recordó la admiración que llegó a sentir por él y cómo ésto le
desarrolló el gusto por plasmar sus vivencias de manera escrita. Tarasal
sintió revivir sus anhelos de publicar sus libros. También recordó que se
dice Gilean fue el dios de la neutralidad y conocía la historia de Kryn
desde su nacimiento hasta sus últimos días, "¡Oh! ¡cómo me gustaría poder
hechar un vistazo a ese libro de Gilean!", dijo para sí el kender.
Volviéndo nuevamente su atención sobre el anciano, le dijo "¡si hay que
encender una luz por Gilean, que así sea!"- tras lo cual procedió a buscar
su yesca y pedernal, y empézó a encender una antorcha. Cuando el duelo
terminara iría a convesar con su "buen" amigo el anciano.

Después de echarle un desconfiado vistazo al "tranquilo" kender, Greg
Hilltop bordeó la carreta que lo separaba de la de su grupo por el lado más
alejado de él, tomando su capa mientras se acercaba al otro marino de su
grupo. "Kieran, viejo amigo", dijo, "acércate. Vamos a ganarnos el día".

Sumido en oscuros pensamientos de indecisión, Kieran probablemente no se
enteró de la presencia de Greg Hilltop hasta que ya éste estaba a su lado.
"¿Huh?" Despertando de su ensoñación, Kieran dejó de observar fijamente al
suelo "¿Qué deseas?".

El Guardia de Ciudadela frunció el ceño y prestó atención a lo que se
hablaba por sobre él, con preocupación. Aún esperaba ser pasado por alto,
pues no son pocas las penas y torturas que le esperan a un Guardia de
Ciudadela en manos de caballeros de Takhisis. Sin embargo ya se las había
arreglado para colocar su escudo entre sus pies, y sus ojos no perdían de
vista al grupo de caballeros oscuros.

Mientras el circunspecto marino se acercaba, Greg miraba hacia el sitio
donde se celebraría la justa, y acomodaba su capa azul sobre sus hombres,
moviéndola presuntuosamente hacia arriba, hasta lograr plegarla de manera
tal que sus impecables ropas no quedasen cubiertas al frente por esta.
Volteó la cara y sonrió maliciosamente a su compañero.

Con una expresión de franca perplejidad, Kieran se acercó al simpático,
aunque extraño muchacho. "¿Ahora qué trama...?" se inquirió. La sonrisa
maliciosa que le dirigió le confirmó la sospecha de que Gregory tenía un
plan.

Los rayos más rezagados del sol ya desaparecían. La voz de Gregarious
Hilltop se volvió un susurro mientras empezaba, rápidamente, a hablar en el
rudo y vulgar estilo de Ergoth de los marinos, usado desde Daltigoth hasta
Puerto Balifor en la mayoría de las cubiertas de los barcos. Esto
desconcertó un poco al Guardia de Citadel, quién hizo lo posible para
entender lo que se estaba fraguando frente a sus narices.

"Carr", dijo Hilltop en un tono serio, poco usado por él, "evitemos más
problemas. Ve hacia la proa de la caravana, y di a cada escolta que apreste
sus dardos, y ponga su atención en ese hombre", dijo dirigiendo
disimuladamente su mirada hacia el hombre designado por el líder de la
garra como su sucesor, asegurándose que Kieran entendiera al apoyarle con
firmeza una mano en su cadera, e insinuando con esta un giro en dirección
al guerrero oscuro al que se refería. Sin esperar respuesta continuó.
"Deberán verlo fijamente, que sepa que él es el blanco. No te molestes en
avisarle al capataz. Muévete como el viento, rápido y que se vea, y si los
nerakeses preguntan algo, que no digan nada, sino que me señalen a mí. Yo
haré lo mismo hacia popa. Que tensen cuerdas, sin apuntar cuando el nuestro
gane".

A medida que su compañero hablaba, la faz de Kieran se contraía más y más
en una mueca de disgusto, sin embargo, no lo interrumpió. Cuando finalizó
exponiendo su plan, Kieran respondió, también susurrando: "Si he de ser
franco, muchacho... Tu idea es excelente, pero no me gusta. No estoy
acostumbrado a atacar por la espalda". Súbitamente se detuvo, y sus cejas
se fruncieron."¡Qué mentira más grande!", pensó con amargura. "Bien, el
caso es que mi formación me lo impide... Me inculcaron una disciplina
rígida ¿sabes?" Cruzó sus brazos. "Sin embargo, es cierto que estamos entre
la espada y la pared. Puedo dar las órdenes, pero insisto en que los
guardias disparen exclusivamente si es necesario. Si la vida del mercenario
está en serio peligro, por ejemplo. El hecho es que no me gusta ver sangre;
las razones me las reservo. ¿Estás de acuerdo, o tendremos que negociar
otra solución?"

De nuevo, por sólo un instante, la expresión de Greg cambió, tornándose en
el gesto serio de un juez observando al prisionero al que a continuación
condenará a muerte. Sin embargo, esto pasó sólo mientras terminaba de
escuchar a su compañero. De inmediato su sonrisa, y su respuesta estuvieron
allí, rápida y baja esta última. "Kieran, viejo lobo, no tenemos tiempo
para esto. Por supuesto que yo tampoco deseo sangre, y eso es lo intento
evitar. Usa el miedo a la espada, más no la espada. ¿No es ese mi lema? El
escolta salvará su vida o no dependiendo de sus habilidades. Su suerte está
echada. Pero por lo demás yo no dije que los escoltas debían disparar, sólo
asustar. Y por cierto: ese duelo es a muerte". Greg subrayó sus últimas
tres palabras. "¿Harás lo que digo?", preguntó retomando su tono serio.

"Afortunadamente, estamos buscando lo mismo. No soy partidario de
entrometerme en lides ajenas, pero la situación es grave. ¡Ojalá que todo
termine bien, al menos! Lo haré". Acto seguido, Kieran se dio la vuelta
hacia la proa de la nave, tan sólo para volverse de nuevo. "Gregory... ¿y
si nos descubren?" Lleno de aprensión, observó hacia los arqueros elfos
apostados a lo largo de la caravana, incapaz de ocultar un poco de
nerviosismo.

"Mierda, Carr. ¿No lo he dicho antes? Quién no ha hecho nada malo no está
asustándose de su sombra. Ve abiertamente, y si alguien pregunta me señalas
a mí. Lo mismo va con los escoltas". Greg se volteó y emprendió su camino
hacia el final de la caravana, cerciorándose que a nadie le hubiese llamado
la atención su conversación y del estado de la justa.

Luego de la breve conversación, Kieran se dio la vuelta hacia el frente de
la caravana. Una gran tarea lo aguardaba, y en cierto modo se sentía
aliviado. Algún día, se prometió, no dependeré de nadie para cumplir mi
destino. Pero por ahora, tendré que esperar. Siguiendo al pie de la letra
las instrucciones de Greg Hilltop, se dirigió con paso firme al escolta más
cercano, dispuesto a difundir el plan...

martes, 6 de noviembre de 2007

La orden final del Caballero / ¿Amigo o Enemigo? - Compilación #2

El tema de esta compilación se divide en 2, cada parte corresponde a cada una de las escenas:
  • La escena I (La orden final del Caballero) es la de los héroes que se encuentran en una caravana, viajando desde Newport en dirección a Solace
  • La escena II es la de los dos héroes que emprenderán una travesía en búsqueda de un mineral llamado obsidiana.
Mientras los dos grupos de jugadores estén separados mantendremos las escenas por separado.

En este momento aunque sólo se han publicado (contando éste post) 2 compilaciones, el juego ya ha tenido 18 compilaciones y aún los grupos no se han unido.

Sin más aclaratorias de mi parte, a continuación tienen la Compilación #2

-12 de Septiembre, año 32 Saer Cataclius.

"Sepan, amigos míos, que al caer la tarde el día anterior al de la
partida de la caravana de la que les hablo, Tarasal Almondeyes
Pocketfinder escribía las últimas líneas del libro que relataba las
experiencias de la más reciente de sus grandiosas aventuras.
Comenzaba a sentir inquietud por emprender camino a otros rumbos,
cuando se enteró que a la mañana siguiente, partiría una caravana
hacia Solace. Lleno de emoción y de la natural curiosidad de un
kender, ante la posibilidad de irse en una nueva aventura y de tener
más historias que vivir, relatar y escribir, decidió que iría a dar
un vistazo.

Además.. aprovecharía en llevar a su amigo Skimpiut Bratlip, y al
huésped de su cuerpo, el alma de un kender fallecido durante el
exterminio de Kendermore, a ver el homenaje a los últimos héroes.
Posiblemente la visión del homenaje a "su tío Tass" podría subirle
los ánimos y permitirle descansar en paz (al fallecido, por
supuesto). Ya sabéis como son los kenders.

Después de asegurarse de llevar en su mochila todo lo necesario (y lo
no tan necesario) para irse de viaje - como unas buenas cuerdas, un
libro para anotaciones, una manta, algo de comida, ponche kender,
yesca y pedernal, un cuchillo y otros utensilios, parte de su
colección de plumas, etc. - y de percatarse de que en el bolso donde
llevaba a Peni (este era el nombre de su compañera ardilla voladora)
hubiesen suficientes semillas y frutas para ella, se acercó corriendo
(arrastrando prácticamente a su "poseído" amigo) y dando brincos
encontrose con las 12 carretas que componían la caravana.

¡Sí! ¡Por supuesto que era la misma caravana!

Tarasal al localizar el líder de la misma, se dirigió de inmediato
hacia él. Mientras se acercaba, pudo constatar una actitud de
incomodidad, en el simpático señor. Parecía que su saco y correas le
causaban alguna molestia - "si no, ¿porqué se las acomodaría tanto?" -
se preguntó el kender.

Al llegar, le dio un efusivo saludo y le dijo: "¡quiero ir en la
caravana! ¿necesitas ayuda?"... mientras acordaba estos
pequeños "detalles" con el líder, Tarasal decidió que si iba a viajar
en esa caravana, entonces debía ser un viajero de utilidad durante
todo el viaje, así que resolvió socorrer al líder, con aquello que
tanto le incomodaba... aunque él no pareció apreciarlo... (eh... en
realidad ni siquiera pareció notarlo... )

Por unos segundos, reflexionó si le prestaría alguna otra ayuda de
inmediato, llegando a la conclusión de que, como es el líder de la
caravana debía tener demasiadas responsabilidades, así que lo más
apropiado era aligerarlo de tantas ocupaciones y asignarse una
responsabilidad a sí mismo.

Luego, de hablar y "ayudar" al líder, Tarasal examinó al grupo y sacó
su libro de la mochila para hacer algunas anotaciones sobre su nueva
amistad con el líder, y el aspecto de sus acompañantes de viaje.

El líder, descargado imperceptiblemente de alguna pequeña porción de
sus pertenencias en el forcejeo... eh... saludo... con el kender,
decidió aprovechar el alejamiento del mismo para culminar negocios
con los dueños de la doceava carreta. A lo mejor el kender había
encontrado otra ocupación mejor.

Al ver a las dos elfas, la emoción que Tarasal había sentido el día
anterior se incrementó, pensó: "¡estas gentes suelen ser un poco
serias y aburridas, pero tienen objetos hermosísimos e increíbles!" y
al percatarse de la presencia del anciano ensimismado, una gran
curiosidad lo invadió, se dijo "¿qué es lo que tanto ve este
anciano?, ¿en qué estará pensando?... habrá que averiguarlo!".

Con sólo un poco de cautela, pues no deseaba interrumpir bruscamente
al anciano, se le acercó y le preguntó: "¿se siente bien?, ¿algo le
preocupa?"... A lo que el viejo respondió: "¿qué? ¿que si algo me
preocupa? ¡Ah! no. En realidad sí. Pero mientras algo me preocupe, no
me preocupo, porque significa que sigo siendo yo mismo, con mis
preocupaciones, y no uno de esos engendros... Pero es que no termino
de entender... oh.. ¡Claro!..." Pero de repente el anciano volvió a
enfocar sus ojos en la pecosa y puntiaguda nariz del kender y
dijo: "¡Pero lo que más me preocupa es que pase los últimos momentos
de mi vida dejando que mis últimas reflexiones en vida sean recibidas
y divulgadas de manera distorsionada, por una sanguijuela como tú!
¡Shu! ¡Shu! ¡Manténte lejos de mi bastón o lo lamentarás!".

Luego de una rutinaria maniobra evasiva, y prosiguiendo con su
indagación sobre las distintas personalidades que formaban esa
caravana, Tarasal se tropezó con una mujer mugrienta y vestida con
trapos rotos. Luego, de observarla con detenimiento, pudo advertir
que se trataba de una figura con una belleza escondida, se dijo en
voz alta "pero muy en el fondo " y no pudo evitar decirle "¡a ver si
te das un bañito! ¿eh?".

Por último, al descubrir una carreta vacía, dijo en un tono de voz
muy alto "¡Vacía!, ¡no puede ser!" y decidió que averiguaría más
sobre el asunto. Durante la primera noche de viaje, estuvo atento y
cerca de Gregory Hilltop y Kielan Carr. Percibió que Kielan Carr era
una persona muy reservada y un poco aburrida, así que decidió
entretenerlo con varias de sus mejores historias de aventuras, pues
estaba convencido de que a él le interesarían. Gregory Hilltop
definitivamente era un tipo simpático, aunque distante... al menos
con él.

* * *

Durante el viaje, el mercenario Aelensar se sorprendió viendo más y
más a "la chica de los harapos". Le asaltaba la curiosidad de saber
qué había visto en ella que le pareció conocido. Quizás un alma
gemela, quizás sólo un hermoso cuerpo... Pero no, tenía que ser más
que simple atracción sexual.

"No parece estar acostumbrada al trabajo duro, ni tiene cicatrices, o
heridas de haber vivido en la calle. ¿Qué puede haberle pasado para
haber caído en esta situación?" - pensó Aelensar.

"Y esos ojos..."

Para sus adentros, Ael (que así le llamaban los de confianza)
reflexionó - "Ella tiene su trabajo, y yo el mío. Pero si en algún
momento la veo pasándolo mal con algo que deba cargar, pues seamos
caballeros" - rió entre dientes - "y ayudémosla."

* * *

La harapienta y enigmática viajera había pillado al mercenario
mirarla de reojo varias veces cuando éste pensaba que ella no se daba
cuenta. Su lenguaje corporal era la típica reacción masculina ante
una mujer que le llamaba la atención. "Espero que este sujeto no vaya
a ser un problema, me echarán de la caravana si ocurre un
espectáculo." - se descubrió pensando la humana, no sin cierto
sentimiento de superioridad, que le venía quién sabe de dónde.

Pero sus ojos eran otra historia. Parecían tristes, pero con un ardor
de conflicto interno. "Hay que cuidarse del mercenario, es más de lo
que aparenta ser." Consideró prudente guardar distancia hasta saber
más de él.

Llamativa resultó la llegada de una carreta vacía. Vacía no de
conductores, pues tenía tres, sino de carga. Dos hombres venidos del
mar, según parecían evidenciar sus sables y vestimentas, y un Guardia
de la Ciudadela de la Luz (¿cómo lo sabía?), se transportaban en
dicha carreta. Evidentemente ninguno de los marinos era bárbaro,
concluyó la harapienta mujer sin memoria, sorprendiéndose ligeramente
de su razonamiento. Uno de ellos parecía un hombre experimentado,
como quien ha llevado muchos golpes en la vida, pero nada más en él
llamaba su atención.

Sin embargo, el otro marino le parecía extremadamente familiar. Y
atractivo. Vestía pantalones, botas y guantes de cuero negro,
acompañados de una camisa ancha de manga larga y una capa azul
oscuro.

* * *

Durante las primeras noches de viaje, Kieran Carr pasó sus guardias
mirando fijamente a las fogatas. Sentado. Pensando. Y en ocasiones
conversando, pues eran esos los momentos en los que era más accesible
para entablar conversación, aunque en ningún caso podría decirse que
fuese un gran conversador.

Su cara, inexpresiva la mayor parte del tiempo, junto a su corta
camisa sin mangas, pantalón de tela, botas sencillas, bolso de
ganancias y su inseparable sable (aunque no fuese suyo), constituían
su primera barrera de defensa ante las intromisiones en su vida
personal. No vaya a ser que intentasen averiguar algo de su incómodo
pasado.

* * *

Por su lado, Tarasal, cuando no estaba ocupado en investigar algún
asunto que le llamara la atención o de cuidar las cosas de los demás,
Tarasal se dedicaba a escribir algunas frases en su libro y a
compartir con Peni, enseñándole un par de nuevos trucos. Los demás
participantes de la caravana también podían advertir que Tarasal
pasaba buena parte del día "conversando" con su ardilla, llegando
algunos a considerar que esas pláticas eran un tanto extrañas.

El kender había logrado algo de aceptación, o..
digamos.. "tolerancia", al ofrecerse como ayudante de cocina, y
como "explorador de vanguardia", caminando siempre un poco más
adelantado que el más adelantado de los escoltas de la caravana. Su
compañero de viajes, siempre taciturno y silencioso, hacía su mejor
esfuerzo para seguirle los pasos al chicharachero y "emplumado"
kender que insistía en llevarlo a la tumba de su tío.

* * *

30 millas al nor-noroeste, frente a un par de jarras de cerveza,
Gwydeon Medio-elfo, y Argento D´Alessandro discutían en voz baja los
últimos detalles de su pequeña excursión al risco rocoso ubicado al
sur de Solace. Gwydeon Ragnarok, como hechicero legionario aún no
acostumbrado a sus nuevas habilidades mágicas, afrontaba a los
recuerdos que estas le traían de su antigua vida adolescente como
mago túnica roja, antes de la Guerra de Caos.

Pero el tiempo había pasado. "Demasiado rápido, y lento al mismo
tiempo" -se decía a sí mismo, al sorber lo que quedaba de la espuma
ya caliente de la cerveza. Ya era el año 32 después del llamado
Segundo Cataclismo. Y ahora tenía nuevamente sentido su vida. Ya no
era sólo un hombre más con una espada en la espalda. Era un hechicero
formado por su Maestro, un Legionario de Steel, y su propósito
próximo estaba ahí, frente a él. No era precisamente la jarra de
cerveza, sino la veta de obsidiana que debía investigar. Una posible
nueva forma de encantamiento estaba raramente relacionada con el uso
de la obsidiana, según rumores de un grupo de elfos rebeldes de su
patria natal le habían indicado. Se le había confirmado este rumor en
la Legión de Steel, y su misión de prueba, que le permitiría
convertirse en un Maestro Legionario, era develar este misterio. Una
vidente Legionaria había presagiado su descubrimiento hacia el año 32
o 33 Saer Cataclius. Pero en su visión siempre lo visualizaba sólo,
así que debía ocurrir durante su misión en solitario. No le debía
acompañar su Maestro. Ni tampoco un inexperimentado aprendiz. Otras
personas podrían estar, pero él sería el único Legionario.. que él
supiese, al menos. Afortunadamente una conversación con el pequeño,
robusto y bonachón leñador humano, Argento, le había revelado la
ubicación de una veta de obsidiana en el risco que se encontraba a lo
lejos. Hubiese podido entrever el risco si no fuera por el gracioso
vitral que adornaba la ventana de la célebre posada "El Último Hogar"
y las innumerables ramas de los demás vallenwoods sobre los cuales se
encontraba la mayor parte de las casas de los habitantes de Solace.

"Me llevo mi espada, mis dos dagas, mi arco largo y mis flechas" -
revisó mentalmente el medio-elfo oriundo de Qualinesti- "creo que 22
flechas bastarán. Llevo también mi cuerda de 15 metros, con su
garfio, mis raciones de viaje, mi bota con agua, el pico de minería
que me prestó el enano amigo de Argento, y la alforja donde guardar
un trozo de la obsidiana. El plan, entonces, es recogerla y luego ir
a hablar con el enano que residía en la casa del célebre Flint
Fireforge, para ver si él me puede decir más cosas acerca del
material o si sabe quién es capaz de trabajar con esa piedra
preciosa."

Gwydeon palmeó la espalda de su amigo, - "habrá que ver ese lugar" -
le susurro al oído, consciente de que no debería revelarle a toda la
posada la razón de su expedición. Obtener un poco de esa roca extraña
le permitiría saber algo de sus propiedades. ¿Sería que el rumor de
la daga mágica de obsidiana había sido una confusión, y la misma era
un objeto mágico de épocas anteriores a la Guerra de Caos?. Si ese
era el caso, no dejaba de ser un gran peligro el que un objeto mágico
(porque estaba casi seguro de que eso era) cayera en manos
equivocadas, o mucho peor, en manos de los Caballeros de Takhisis...

Luego de la amena charla y la fría cerveza como recompensa de un día
de duro trabajo, Argento accedió a llevar a su joven amigo a ver lo
que desde tanto tiempo le tenía inquieto: "una veta de obsidiana en
los riscos de las afueras de Solace". El Medio-elfo había dicho algo
que a Argento fue como si le hablase en idioma de dragón porque no
entendió mucho de lo que escuchaba. No es que alguna vez hubiese
hablado con un dragón... pero alguna vez encontraría a El Verde en el
bosque y... bueno, quién sabe qué podría ocurrir. Ante las
precauciones de Gwydeon, Argento sólo pudo sonreír. No entendía cuál
era su preocupación, pero seguramente es por ser
Legionario. "Extraños modos de pensar y de actuar, es un Legionario
después de todo" se dijo y tomó su hacha y se encasquetó su capucha
de cuero.

El Legionario tomó también sus alforjas, y siguiendo a su bajo pero
rudo compañero, se dirigió a la puerta, mirando de reojo todos los
rincones de la posada, asegurándose de que nadie hubiese escuchado
esa conversación, o al menos, nadie caminara sobre sus pasos.

Argento, por otro lado, no parecía precisamente un leñador más. Desde
que tuvo que aprender a usar su hacha doble para separar algo más que
corteza, en la defensa de algunos intentos de invasión a Solace,
lleva una armadura de cuero y un protector de cuero para su cabeza.
Su hacha, un poco más larga que la mitad de su altura (tenía como
unos 80 cms de largo), descansaba sobre su espalda, meciéndose con su
tosco caminar. El hacha siempre iba con él... y como todos en Solace
sabían, no era para fastidiar a nadie sino sólo porque él "adora su
hacha".

Al mirar a Gwydeon vigilar la retaguardia antes de tomar el sendero
que los llevaría a la veta, no pudo sino suspirar. El medio-elfo
parecía más apresurado que nunca. En fin, transcurrían ya 4 meses de
los 6 que se suponía debían pasar como máximo para cumplir la misión
que le asignara la Legión de Steel. Siempre se había sentido
inclinado a aconsejar al muchacho. Había llegado hacía ya año y medio
a Solace, y se convirtió en aprendiz de Legionario y de las artes de
la nueva hechicería. Sin embargo, siendo el medio-elfo un tipo
básicamente solitario y al principio bastante taciturno (digamos que
algo descentrado), en algún momento luego de su llegada no pudo sino
acercarse a sacarle conversación. De ese momento había nacido una
camaradería muy cierta.

Repasó mentalmente una vez más el camino al risco de la veta de
la "cosa" negra. El joven le había preguntado acerca de lugares donde
él supiese que habría obsidiana. El leñador le había contestado que
no tenía la menor idea de lo que era esa tal "osciliana". Ahora si
había aprendido a decir el nombre del mineral, del cuál supo que
sabía gracias a la interesante descripción del Legionario. La misma
coincidía con lo que recordaba haber visto en aquel risco, mientras
buscaba un árbol bueno para talar.

"No todos los árboles eran buenos para talar"- pensaba Argento-
. "Algunos eran saludables. Otros eran de dudoso futuro, y quizá
estaban en su último esfuerzo de surgir, pero esa esperanza era menos
beneficiosa para el bosque, que el posible crecimiento de los
juveniles árboles a nivel del suelo". Una misteriosa dama envuelta en
capas le había aconsejado al respecto hacía ya muchos años. Mucha
niebla había aparecido junto a la mujer, así que había decidido que
mejor era no molestar a las mágicas gentes del bosque. Después de
todo le agradaba caminar por el mismo. En él se sentía más a gusto
que entre la gente bien vestida y pretenciosa de honores.

Tomaron rumbo a los riscos y justo a la salida del pueblo sucedió
algo extraño...

Gwydeon notó, mientras daban vuelta al último árbol Vallenwood
habitado de Solace, que alguien lo observaba desde adentro del
pueblo. Una figura encapuchada en una capa gris oscuro les seguía con
la mirada desde un lugar semi-oculto por las ramas bajas de un roble.

Sin apurar el paso, Gwydeon dejo que los mismos arboles del camino se
interpusieran entre ellos y la figura encapuchada. Nunca olvidaba un
rostro, y tomo especial precaución en recordar lo poco que había
visto de ese extraño personaje -"Odio a la gente indiscreta"- se dijo
a sí mismo mientras que trataba rápidamente de crear un plan. Cuando
parecía que se habían separado bastante del pueblo, le dijo con voz
baja y clara (como para que su amigo no tuviera que preguntar de
nuevo sobre que le hablaba) - "Creo que nos siguen, pueden ser
ladrones comunes o algo peor, estate atento y trata de dar tantas
vueltas puedas antes de llegar a la veta, quizás con eso ganemos algo
de tiempo" - Y dicho esto, casi inconscientemente, dejó que su mano
tomara el arco, tal vez lo necesitaría mas tarde...

Argento no supo si los nervios traicionaban a Gwydeon por creer que
se acercaba a lo que había buscado desde que llegó a Solace, o si se
trataba de una preocupación justificada (o justificable). Argento
trató de ver por el rabillo del ojo pero sólo vio árboles, maleza y
un corto trecho de camino pero no vio a nadie más detrás de ellos. El
camino a la veta era casi directo, pero ante la sugerencia del joven
prefirió recorrer un poco los árboles más vistosos de la zona, esos
que alguna vez juró que nunca derribaría. Así que sugirió mediante
una seña que dejasen el camino abierto, cosa que no le molestaba ya
que el bosque era su lugar; aguzando los sentidos mientras descolgaba
su hacha y tomaba una piedra de amolar que llevaba siempre en el
bolsillo, con una mezcla de expectación y duda. Comenzó a afilar su
hacha, esperando la respuesta de Gwydeon.

Pero Gwydeon no parecía querer hablar, cada sonido superfluo podría
afectar su estado de alerta. Presto atención con todos sus sentidos a
cada rama que caía, pero intentando no dejar que sus nervios lo
traicionasen, y terminara enterrando una flecha al primer pájaro que
pasara demasiado cerca. Miro a su compañero, el cual no parecía
demasiado preocupado, algo expectante tal vez, afilando su hacha con
una aparente calma. Gwydeon tan solo esperaba que sus posibles
perseguidores cometieran el más mínimo error, el último de toda su
vida. Porque la verdad es que, en sus años como mercenario, cuando su
vida se reducía a blandir una espada por unas cuantas monedas de
acero, ya se había enfrentado a infinidad de emboscadas, y había
aprendido un par de trucos para escapar de ellas. Y ahora volvía a
tener su magia, una quizás algo diferente de la Alta Hechicería con
la que se había enfrentado a las huestes de Caos, pero era ahora su
gran orgullo, su más preciada arma. Ya la había usado en las
aventuras con su maestro, pero esta seria su primera vez sólo... Sólo
sabia que los arboles que a lado y lado se levantaban podían ser su
peor amenaza, pero a la vez, su mayor ventaja ante cualquier ataque,
intentaba a su vez escuchar el murmullo de algún río, allí una
batalla contra varios enemigos, usando sus habilidades, podría
resultar mas interesante.

Respiró profundo, y siguió a su amigo.

Argento pensó, segundos después de dar la primera pasada a la hoja,
que mejor no debía afilar su hacha en ese momento. Eso podría
distraerlo recordando viejos momentos y maderos caídos... aunque en
realidad no quería poner más nervioso a Gwydeon haciendo como que no
le prestaba importancia al alerta que éste había dado. Mejor sólo
llevarla en la mano; podría ser sólo una vieja del pueblo, de esas
que quiere saber qué sucede siempre a su alrededor para luego
comentarlo con detalles añadidos, mas podría ser realmente una
amenaza que, de conocer al pequeño pero fornido personaje,
seguramente lo pensaría dos veces teniendo éste su hacha en la mano.
Como se dijo, segundos antes de sacar su hacha había dado una señal
de sugerencia al medio-elfo para adentrarse más en el bosque, dejar
el camino fácil para evitar ser seguidos. Menos de un minuto después
había guardado la piedra de amolar en uno de sus grandes bolsillos.
Pensó, además, que si se internaban en el bosque, su segundo hogar,
podría enseñarle algunas cosas al joven legionario de ese mundo bajo
los árboles. Tal vez lograría que apreciase ese ambiente tanto como
él. Ese pensamiento le reconfortó y se dijo a sí mismo que nada malo
podría sucederle al amparo de los grandes árboles... así que sin
esperar por la respuesta de Gwydeon y, con una sonrisa en el rostro,
sintiéndose como rey entrando a su reino se internó en la espesura
del bosque. Iba hacia el sur-este, hacia el hermoso valle que se
encuentra entre Que-Kiri, Solace y el Bosque Oscuro. Había allí un
bajo entre dos de las montañas que definían al valle, que permitía
acceder al mismo. Era en ese espacio entre cimas en donde se
encontraba el risco de la veta de "la cosa negra".

* * *

De entre la espesura que les aguardaba en el trayecto, Argento y
Gwydeon fueron sorprendidos por dos figuras encapuchadas. Una de
ellas pudo ser reconocida por el medio-elfo como la que los espió
desde Solace. La otra, a la derecha de los héroes, ya había arrojado
unas bolas (arma lanzable utilizada por algunas tribus bárbaras) a
los pies de Argento, quien apenas tuvo tiempo para intentar
esquivarlas. Las bolas enredaron sus toscas extremidades exteriores,
finalizando la maniobra con los respectivos 3 golpes secos de las
pesadas bolas envueltas en cuero. Argento se tambaleaba aún cuando
notó que sus orejas se cerraban sobre si mismas, impidiéndole
escuchar, y sus párpados se juntaban.

La otra figura no hizo ningún ademán de ataque a Gwydeon, sino que
levantó su mano haciendo una señal que el medio-elfo pudo reconocer
como una seña secreta de la Legión de Steel. La oscuridad de la noche
le impidió detallar las caras de sus atacantes, quienes al parecer
esperaban por la reacción del Hechicero Legionario.

* * *

A esa hora en esa misma tarde, volviendo 30 millas al sur-sureste, la
caravana avanzaba ya por entre las colinas limítrofes del Bosque
Oscuro, por la izquierda, y el arrolluelo de Solace (que más atrás se
unía con el río White-rage). Hacía ya mediodía que habían dejado el
asentamiento Qué-Teh, poblado de una tribu de bárbaros de las
planicies.

En su paso por este asentamiento, el mayor interesado en el "turismo"
y las baratijas que pudiesen conseguirse entre los bárbaros de las
planicies, había sido Tarasal. Con gran afán e interés buscó nuevas y
diversas plumas para incrementar su abundante colección.

En esa hora, en la que el cielo empezaba a ruborizarse hacia el
occidente, aquellos de la caravana que no habían percibido la
anomalía que surgió súbitamente en el borde de las colinas que
ocultaban al Bosque Oscuro, se enteraron del fenómeno al mirar al
resto de los viajeros quienes observaban con extrañeza lo que ocurría
a la izquierda del sendero. El bosque que terminaba con las colinas,
no tan verdes por la cercanía del otoño, súbitamente había cambiado.
Parecía también haberse "acercado".

Lo extraño no es que ya no fuese un bosque. O que no fuese el tipo de
vegetación. Sencillamente los árboles no eran los mismos, ahora eran
altos y más cercanos. Un parpadeo antes, Gregory Hilltop habría
jurado que observaba una baja colina que sostenía unos cerezos y
sauces de tamaño mediano. Ahora observaba unos altos Vallenwoods,
cedros, manzanos y robles. Su color apagado, en contraste con los
bosquecillos que bordeaban al valle por donde corría el sendero a
Solace, sólo era superado en incoherencia por la espesa niebla que
parecía yacer inmóvil entre los troncos de los árboles.

Tarasal Pocketfinder con una mirada de gran intriga y sorpresa
observó la ubicación actual y recordó la que anteriormente tenía el
bosque. Experimentó un gran asombro ante lo que observaba porque por
un momento se quedó "casi" inmóvil, pero ese momento fue tan largo
para él, que comenzó a hacer movimientos rápidos con sus brazos
porque se le estaban acalambrado.. y en parte para compensar la
inmovilidad un poquito, a la que poco están acostumbrados los
kenders. Peni, su ardilla voladora, que se encontraba cerca de su
cuello se metió en el bolso súbitamente. El kender miró
desenfocadamente hacia el vacío durante un minuto, y movió sus manos
como si fuese a recibir un abrazo del aire que lo rodeaba, mientras
su rostro se volvía un poco más serio de lo normal.

Un grupo de 10 jinetes elfos y 9 caballeros cubiertos de armaduras
negras, emergieron de la incongruente niebla, cabalgando a toda
prisa en dirección a la caravana. Al salir del bosque, uno de los
caballeros, con una poblada barba negra y nariz aguileña alzó la mano
derecha, que portaba una espada, en señal de pausa. El grupo de
recién llegados se frenó a lo que un kender podría catalogar
como "distancia de tiro de piedra", del costado izquierdo de la
caravana.

Una pregunta se formó en la mente de Aelensar el mercenario - "¿Qué
demonios está pasando aquí? ¡Estoy seguro de que no había ningún
bosque hace un momento!" Miró, sorprendido, hacia el banco de niebla
entre los árboles, y a las amenazantes figuras que acababan de salir
de él. "¡Caballeros de Takhisis! ¡Y parecen tan sorprendidos como
nosotros!" - pensó con una sonrisa mental.

Rápidamente, Aelensar repasó lo que sabía del grupo: Que hacia ese
bosque, y hacia el sur, están los dominios del dragón verde, llamado
Beryl. Que él gobierna al reino elfo de Qualinesti a través de los
Caballeros de Takhisis. Que se dice que el "Orador de los Soles" (el
rey élfico), es el hijo de Tanis y Laurana. Y que se dice de él, que
sólo es un títere de Beryl. Por lo tanto no era demasiado extraño ver
a unos elfos junto a caballeros oscuros, aunque a decir verdad, era
esta la primera vez que veía algo así con sus propios ojos.

Pendiente en todo momento de lo que estaba aconteciendo, Aelensar
comenzó a ponerse en posición adecuada para afrontar lo peor... O lo
mejor, pensó, mientras una predadora sonrisa de medio lado marcaba su
rostro, y su mano se ceñía en torno al mango de su espada.

Tarasal exclamó, por su parte: "¡Aja!, y ellos ¿qué querrán?"...
olvidando al parecer su extraño trance para continuar luego.

El caballero oscuro giró su caballo toda una vuelta sobre sí mismo,
mirando sorprendido los alrededores, al parecer más impresionado por
el pasto que por cualquier otra cosa. Tras un segundo de reflexión,
acercó su caballo 5 pasos a la caravana y gritó: "En nombre de la
Reina Oscura, les exijo indiquen en qué dirección huyeron los
rebeldes. No tenemos intención de derramar vuestra sangre
innecesariamente, así que olvidad vuestras armas y responded a mi
pregunta. Si obráis así dejaremos que vuestro camino vuelva a sus
pies."

Una voz chillona exclamó desde la vanguardia de la caravana -
"¿Rebeldes?, ¿cuáles rebeldes?, ¡yo no he visto ninguno!". Al
observar con más detalle a su intempestivo interlocutor, concluyó el
kender en voz alta -"Tú te pareces más a lo que yo llamaría un
rebelde".

"¿Rebeldes?" - se preguntó también Aelensar para sus adentros,
compartiendo con el kender (y el resto de la comitiva) su extrañeza.
Su buen juicio le decía que se ocultara tras una de las carretas,
desde donde podría guarecerse de los ataques, y quizás escapar sin
ser descubierto. En ese descampado, sin armas con las cuales
enfrentar ese batallón, y superado numéricamente, era un suicidio
hacer frente al grupo.

Los caballeros de negro, ignorando el comentario del kender, miraron
a la caravana con expectación y expresión orgullosa, el Sol de la
tarde reluciendo en los intrincados diseños de las placas de sus
armaduras, que emulaban las formas de calaveras, y lirios. Los elfos
miraron, por su lado, tanto a la gente como a sus alrededores,
escrutando incrédulos la pradera con expresión pesada, grave y
confundida. Cada uno de ellos llevaba un arco y una espada larga,
prestos a cualquier indicio de orden de ataque."

"¡Arcos y magia! ¡Maldición! ¿Una espada no es lo mejor para
enfrentarse a un grupo con ambas cualidades... Pero eres todo lo
Aelensar siempre ha necesitado, verdad, belleza?" - pensó el
mercenario, mirando de reojo a su espada mientras la sonrisa volvía a
su rostro.

Obviamente, hizo lo que sabía desde el principio que haría. Le habían
contratado para defender la caravana, y en ella había mucha gente
indefensa. ¡Y una mierda! ¿Por qué ocultar la verdad? Aunque
estuviera él sólo, y aunque no le hubieran pagado nada ¡estaría más
que contento de luchar esta batalla!

* * *

Dado que estaba en una contemplación interna - aprovechando el
momento libre de quehaceres - la mujer cubierta de harapos no
advirtió la llegada de los jinetes hasta muy tarde cuando ya estaban
encima de la caravana. Los sujetos lucían desagradables y peligrosos.
Aunque comprendía poco de la situación su intuición le decía que nada
bueno iba a resulta de este encuentro. Al ver las imágenes de las
calaveras en las placas metálicas de las armaduras, el vidrio de su
consciencia se empañó con nubes de recuerdos dolorosos y confusos.
Miraba a su alrededor, pero al mismo tiempo no lo hacía. Una parte de
ella parecía estar en una vasta oscuridad, tensa y agotada de dolor.
Pero nada más recordaba. Una cosa era clara: recordaba haber deseado
la muerte.

* * *

Greg Hilltop se alarmó al observar a los jinetes. La batalla podría
empezar al siguiente respiro. Mientras su mano izquierda liberaba el
seguro de la vaina de su sable, lanzó tres miradas.

La primera fue dirigida a Carr y al guardia de Goldmoon, a los que
levantó un poco la mano, como señalándoles esperar y cubrirse atrás.
No les atendió más.

El Guardia de Ciudadela se sorprendió ante la proactividad del marino
ante la tensa situación, pero, aparte de soltar el seguro de su
espada ancha, y ubicar con su vista el escudo en la parte posterior
de la carreta, no hizo ninguna otra cosa, ni osó abrir sus labios.
Hasta la respiración parecía ser demasiado sonora en comparación con
el tenso silencio ocasionado por el mandato del Caballero de Takhisis.

La aparición súbita y extraña de semejantes personajes tomó
completamente por descuido a Kieran. "¡Qué demo...!" fue lo único que
pudo barbotar antes que la caravana estuviese flanqueada.
Sencillamente fabuloso, pensó. Salteadores, y muy bien preparados.
Sin embargo, al escuchar las palabras del aparente líder de
los "salteadores" se quedó perplejo. "¿Rebeldes? ¿De qué me está
hablando este fantoche? ¡Y de paso nos habla con tal prepotencia!
¿Qué se ha creído el muy...?". Antes de que pudiera seguir con su
línea de razonamiento, un escalofrío recorrió su espalda al ver que
Gregory, osadamente, avanzaba hacia el líder con su mano alzada. Poco
le importó que segundos antes su reciente pero carismático compañero
le hubiera indicado que se quedara en la retaguardia.

Kieran Carr murmuró sin observar directamente a Hilltop -"Si llegan a
disparar, lo mejor es no convertirse en un blanco fijo y apuntar
hacia el bosque. Allí les será más difícil encontrarnos".

La segunda mirada de Greg Hilltop la dirigió al cielo vespertino. Una
sonrisa torcida apareció fugazmente en su cara.

La tercera, la más larga, la dirigió a los otros miembros de la
caravana. Observó la actitud de los arqueros y la tensión de sus
armas, así como cuán cubiertos estaban. En ello descubrió que los
arqueros parecían aún más expectantes que los caballeros. Sus arcos y
espadas reposaban en sus hombros y vainas, respectivamente, aunque
sobre los pomos de esas armas se encontrasen sus manos en tensión.

Se tomó un segundo para ubicar a la "harapienta" y estudiar su
reacción frente a los malos. Ella mostró una mirada contemplativa
ante la situación, pero nada más.

Luego, buscó con la mirada al líder de la caravana... quién yacía
sobre su caballo, boquiabierto.

Al notar su inacción, Hilltop se despojó de la capa, dejándola
indiferentemente en la carreta. Acto seguido avanzó hacia el
caballero oscuro que había hablado, con la mano derecha en alto.

"Veamos cómo salimos de esta", dijo para sí mismo, mientras caminaba.
Una inocente sonrisa apareció en su rostro.

* * *

¿Que pretendía hacer el hombre de la capa (ahora sin ella), y por qué
la sonrisa? ¡O sabía algo que no era del conocimiento del resto de la
caravana o era loco! - Concluyó la dama cuyo atuendo de batalla se
restringía a los harapos y un cuchillo de cocina envuelto en trapos
de dudosa higiene.

* * *

Aelensar, al unísono se ponía a paso calmado entre la caravana y los
caballeros, sin adoptar poses amenazantes - una cosa es saber dar
batalla, y otra comenzar una por gusto - se dio cuenta de que
su "buen juicio" y él estaban peleados. De por vida.

La sonrisa seguía en su rostro...

Aelensar observó como dos de los elfos que acompañaban a los
Caballeros Oscuros, quienes cerraban la "retaguardia", siguieron con
la vista sus lentos movimientos. Ninguno de los dos pudo evitar
interrogarse mutuamente con la mirada, tras buscar rápidamente con
sus aguzadas vistas, otras señales entre la caravana...

* * *

Mientras avanzaba la tarde, se hacia notablemente más fría. ¡Cómo
estar seguro de dónde venía ese gélido aire!.

Greg volvió a mirar al cielo, fugazmente. Luego volteó a ambos lados,
manteniendo en lo posible el cielo en su rango visual. Cuando volteó
a la derecha su cabeza siguió el giro tanto como su nuca lo permitió,
observando así la caravana. Todo esto duró lo que tardo en dar seis
lentos pasos.

Esa rápida inspección le permitió apreciar que los miembros de la
caravana, en general, parecían tan sorprendidos como el inútil
comerciante que "lideraba" la caravana. Al menos nadie había salido
corriendo como un niño,... lo cuál le recordó la presencia del
kender, pero el instante de alarma pasó de largo, cuando confirmó que
el kender parecía afirmar con su cabeza, gesticulando hacia el aire.
Aunque fuese un gesto nada común, al menos no vendría a extender la
mano a los caballeros, ni... lo que sería mucho peor... a lanzarles
puyas.

Fue cuando volvía a mirar a los guerreros malignos que notó al
mercenario. Se detuvo. Su cara mostró una seria expresión, pero sólo
por el más breve de los momentos. Después su sonrisa de simpatía
reapareció, pero esta vez concentrada exclusivamente en el valiente
hombre que estaba a su izquierda. Se mantuvo allí, con la mano en
alto por unos segundos, observando al hombre fuertemente armado. Un
hombre que cargaba una ballesta, si, pero se enfrentaba sólo con su
espada a una compañía de arqueros...

... arqueros mortalmente élficos. ¡Que irónica era la Quinta Era!

* * *

La vista de los arcos le incomodó sobremanera, ciertamente. Si eran
lo suficientemente diestros, esos arqueros acribillarían a la
caravana en segundos. Pero tampoco podía tolerar la idea de que
Gregory se arriesgara de un modo tan temerario. Entre la indecisión y
su propia timidez, Kieran tan sólo tensó sus músculos de las piernas,
dispuesto a auxiliar a Gregory de ser necesario, y desenfundar el
sable en la carrera. Viejos hábitos de entrenamiento militar
regresaron a su mente - "Si llegan a disparar, lo mejor es no
convertirse en un blanco fijo y apuntar hacia el bosque. Allí les
será más difícil encontrarnos". En resumen, pensó que de ser
necesario, pelearía por la vida de los integrantes de la caravana -
"Tal vez eso pueda redimirme" - pero estaría más a favor de la idea
de huir hacia el bosque, al unísono -"Daré la señal, aún si me cuesta
la vida.. y Gregory... espero que sepas lo que haces, ¡por Paladine!
¡Me disgustaría sobremanera tener que ir en tu ayuda primero que
nadie!"

Kieran sopesó una vez más la situación. Detalles nuevos afloraron en
su mente, trabajando incansable en una situación de vida o
muerte. "¿Arqueros elfos? ¿"Trabajando" para Takhisis? Si es cierto
que éste es un escuadrón de las hordas de la Reina de la Oscuridad,
entonces..."- volvió a dar una mirada nerviosa a su alrededor, los
arqueros y el líder. "Huir es casi imposible"- aseveró. "Nos cazarán
antes de que logremos escondernos bien en el bosque. Sólo quedan 2
opciones entonces: o proclamamos que no sabemos nada - lo cual es
cierto - (que es lo que espero que Gregory haga, caminando sobre
hielo delgado), o peleamos... pero llevamos una gran desventaja.
Aunque el hecho de que parecen tan confundidos como nosotros quizás
nos proporcione la ventaja del factor sorpresa..."- febrilmente, el
conocimiento militar acudía a Kieran en un raudal indetenible, hasta
que llegó a una decisión final: "Esperaré ver qué se trae Gregory
entre manos. Capaz y el chicuelo me enseña un par de cosas. Si eso
falla... bueno, no importará demasiado. Pelearé. Por Ellemir que
pelearé sin descanso". Miró al cielo en actitud nostálgica y luego
bajó la mirada hacia donde estaba el líder. En pocos segundos se
decidiría el destino. Apretó los dientes y los puños...

* * *

El líder de la caravana, un comerciante humano de nombre Lienkor
Pernan, de acento solámnico, ya entrado en los 30, parecía no creer
lo que había sucedido. Salió de su momentáneo trance de incredulidad,
al observar como se incorporaba el marinero, y caminaba con la mano
en alto, a la derecha de uno de los escoltas mejor armados.

Rápidamente desvió su mirada del marino que viajaba con los de la
carreta vacía, y la volvió hacia el líder de los imponentes
seguidores de Takhisis. Retomando los rieles de su conciencia,
adelantó su caballo con la menor brusquedad posible, y trató de
acomodar los músculos de su rostro para no mostrar el temor. Había
considerado bajarse del caballo, pero la esperanza de huir en caso de
ser necesario, y la poca confianza en que podría evitar el temblor en
las piernas, le convencieron de mantenerse en su montura.

Al empezar a moverse, y un poco temeroso de la vergüenza de que uno
de sus "clientes" hablara por él, alzó la voz (con una calma
claramente forzada), diciendo: "Honorables Caballeros, tengo el
agrado de informarles que hemos hecho nuestra travesía sin muchas
novedades. Hasta este momento, en que tuvimos la gracia de
encontrarnos con ustedes, hemos sido los únicos en el sendero. De
cualquier modo, no dudéis que estaremos alerta por la presencia de
esos peligrosos rebeldes."

El comerciante a cargo de la caravana nunca le pareció a la bella
pordiosera un hombre de gran valentía desde el principio del viaje,
pero al escuchar sus palabras dejaba su naturaleza al desnudo, estaba
segura de que si los sujetos le pedían todos los valores de la
caravana, el comerciante los ayudaría a transferir los bienes.. ¡y
guardarlos!. Volteó la mirada hacia los caballeros negros...

No fueron menos de 3 los caballeros que irresistiblemente sonrieron
ante tan absurdamente cordial respuesta, posiblemente arribando a la
misma conclusión que la harapienta. El barbudo caballero levantó las
cejas con diversión, y haciendo una mueca cínica con los labios
respondió, en el mismo tono protocolar con que el comerciante se
dirigió a él: "Si es así, y dado que no parece haber, en efecto,
nadie más en esta zona del valle, os solicitaré que seáis amables y
no opongáis resistencia mientras nos cercioramos de que ninguno de
los integrantes de vuestra caravana es uno de nuestros "peligrosos"
rebeldes Qualinesti." Y con este final de frase, hizo una señal con
la mano izquierda. "Caballeros Guerreros Uth Ewgan y Trevor, tomen a
5 de la Guardia Qualinesti y revísenlos. No olviden buscar en la
carga de las carretas." Tras esto, uno de los caballeros hizo
calmadamente un ademán a 5 de los elfos quienes se acercaron de
inmediato. Él, junto a los 5 qualinestis, y al otro caballero oscuro,
se adelantaron al Jefe de Garra, avanzando hacia el comienzo de la
caravana en un trote "calmado".

Ante esto, y observando el movimiento de Aelensar, los restantes
escoltas intercambiaron miradas, y tensaron sus músculos, con
indecisión en cuanto a si cambiar de posición o no. Originalmente
estaban relativamente igual distribuidos a lo largo de la caravana, a
ambos lados. Aunque la niebla quedaba atrás, entre los árboles,
parecía que el aire tenso que se respiraba en la caravana, parecía
más niebla que aire. Niebla de temor.

* * *

Ritchgard Blackmore, Caballero del Lirio Negro, casi no pudo contener
una risa verdaderamente descontrolada al ver las cómicas caras
asustadas de los aventureros. Era como si los viejos días de
escaramuzas en los bordes de Teyr volvieran; las caras de los
escuderos y novatos deformadas por el terror de tener ante sí una
carga de draconianos con sus alas extendidas. Tenía lógicas dudas
acerca de si sobrevivirían estos tiempos de pesadilla. -¡Por la Reina
Oscura, si alguna vez volvía! ¿cómo era posible que el futuro
dependiera de esos vulnerables seres?- exclamó para sí mismo,
reconociendo aún así que sentía simpatía por ellos. Sinceramente
extrañó a su verdadera montura, ella le habría aclarado que su deber
no era hacer filosofía. Con seguridad los viajeros morirían, si no
confrontaban la necesidad. "Son varios los que deberían pagar este
error. Y veré que así sea" - se dijo Blackmore, al volver la vista al
camino que tenía adelante.

* * *

"¿¡Las elfas!?" - pensó Aelensar - "¿Será a ellas a quienes están
buscando? Tenían pinta de estar escondiéndose de alguien..."

Inmóvil, repasó la posición de las elfas en la caravana, sopesando si
podrían esconderse a la revisión, en caso de desearlo.

"Bueno, si es por revisar ¡que revisen lo que les dé la gana!" -
pensó - "Pero esta caravana está bajo mi protección, y no dejaré que
ningún desgraciado caballero, por muy apoyado que esté, se lleve a
ninguno de los que viajan en ella."

Y con una expresión amarga, añadió para sus adentros -"Ni siquiera al
kender".

A medida que los elfos y Caballeros de Takhisis se aproximaron a la
caravana, Aelensar se aproximó a ellos tangencialmente. Su actitud no
era amenazante, pero era evidente que no se permitiría despegarse de
ellos demasiado. "¡Bien, señores!" - pensó - "veamos cómo llevan a
cabo su revisión..."

* * *

Al oír las pacíficas palabras del jefe de caravanas, Kieran pudo
relajarse un momento. "Muy probablemente no pase de una mera
revisión. No creo que tengamos algo que ocultar ¿o sí? A menos que
estén buscando a ese par de elfas"- dudó el veterano -"¡no han
ocultado muy bien el hecho de ser lo que son!" - y aquí la faz de
Kieran cambió a un ligero aire despectivo, y miró brevemente hacia
donde se suponía que estaban dichas beldades - "no hay mucho de qué
preocuparse, pero si se les ocurre ligarnos como cómplices de
resguardarlas..." -se estremeció al imaginar la carnicería que podría
surgir de cumplirse tal hipótesis. "No soy partícipe de pelear aquí y
ahora, a menos que se me presente el caso. E incluso entonces..."-
imágenes de años atrás se presentaron en su conciencia, y cerró los
ojos en un ademán fútil para alejarlas.

Sacudió su cabeza, esperando aclarar sus ideas.

* * *

La harapienta, quien no recordaba haber recibido entrenamiento
militar, sintió que su sangre se avivaba ante la tensa situación.
Para ella estaba sorprendentemente claro que la falta de liderazgo en
la caravana iba a ponerlos en situación difícil si se producía un
conflicto, los mercenarios carecían de una dirección a tomar. En
realidad como que nadie sabía que hacer, los caballeros parecían que
iban a tomar el control de la caravana... parecían moverse como uno
sólo, bajo la mirada de su líder.

* * *

Greg Hilltop odiaba sudar. Y el sudor húmedo en su nuca parecía
además estar tomando la contextura de la leche agria.

Desde el momento en que el solámnico hablara, hasta que fue
respondido por el líder de garra, su expresión sufrió una larga
transformación, hasta parecerse mucho a la del hombre que, montado a
caballo, comandaba la caravana.

De repente Greg volvió a ser él mismo y su sonrisa reapareció.

"¡Salud, Caballero Oscuro! ¡Pueda Sargonnas volver también y dar
justo castigo a nuestros ofensores!"- exclamó en la lengua de Ergoth,
amistoso.

"No hemos visto rebelde alguno, mas si en verdad los buscáis,
deberíais volver vuestra vista al sur y al oeste, hacia donde los
árboles se espesan; es allí donde aquellos que han causado vuestra
cólera se refugian. Aquí no conseguiréis más que súbditos humildes
de..." -rápidamente cambió a abanisinio- "La Muerte Verde" -y
volviendo a ergothiano concluyó, "y viajeros bien ocupados".

"No pretendo retaros, no yo; pero la situación es incómoda y, a menos
que poseáis poderosa magia, vosotros tenéis muchas millas que
recorrer para llegar ante vuestro superior y evitar que la cena se
enfríe. Consideradlo bien: estamos a menos de una milla de Solace y
la patrulla debe estar por hacer su ronda. Podéis volver con vuestras
manos vacías pero completos, o con las manos vacías excepto por
varios cadáveres sobre los lomos de sus caballos. ¿Qué le dará más
gloria a vuestra Oscura Majestad? ¡Nosotros no llevamos rebeldes y
vosotros ya habéis fallado, ¡no hagáis vuestra desgracia mayor!"-
argumentó, con gran seguridad de sí mismo, Greg en el mismo tono
respetuoso y jovial.

* * *

"Valiente y descabellado a la vez" -pensó Kieran Carr al escuchar el
insólito diálogo de Greg. "Al menos espero que eso les enseñe a no
ser tan... arrogantes" - reflexionó dejando escapar un suspiro de
cansancio adelantado. Dado que evidentemente esas palabras
provocarían una pelea, de por sí inminente, Kieran volvió a tensar
sus músculos y miró rápidamente a su alrededor, en búsqueda de
guerreros que ya estuvieran aunque fuera medianamente prestos para la
lucha, como él. Aparte de los 5 mercenarios, el par de elfas, y su
compañero... la búsqueda había sido inútil. Con toda seguridad el
pasto lucirá rojo en este atardecer, por razones más dramáticas que
el periódico rubor del Sol de las tardes.

* * *

"¡Está definitivamente Loco!". A la pordiosera no le quedaba la menor
duda de que aquí correría sangre, luego de escuchar las palabras del
apuesto marino. Rápidamente miró a sus alrededores para medir la
situación. Quería ver la reacción del guardia en la carreta donde
viajaba el marino ante la osadía de su acompañante. Los mercenarios
estaban tensos y todos mantenían una mano posada sobre un arma de
algún tipo, aunque claramente no deseaban desenvainar inoportunamente
sentenciándolos a todos a muerte.

A todas estas había perdido de vista a la persona bajita (¿Kender era
su nombre? ¿o su raza? estos son los problemas de lidiar con memorias
con muchos huecos) -"¿a dónde se habrá metido? ¿estará a la cabeza de
la caravana?"- se preguntó la humana.

Optó por acercarse a las elfas y al anciano ya que tenía una
corazonada que todo esto tenía que ver con ellos. Si estaba
equivocada igual habría mayor seguridad en grupos.

Siguiendo la mirada divertida (extraño asunto, dentro de este
contexto) del anciano, encontró que las dos personitas que buscaba
estaban a punto de ser ignoradas dentro de la revisión de los
caballeros, a juzgar por la dirección que estos llevaban,
encaminándose directamente hacia el guardia que iba al frente de la
caravana.

* * *
"¡Uth Ewgan¡ !Trevor! Continuad vuestro trabajo"- exclamó molesto el
jefe de la garra de Caballeros de Takhisis al ver que sus caballeros
titubearon ante las palabras de Greg Hilltop.

"Disculpadme que no me fíe de vuestras inteligentes palabras, maese
marino"- respondió con gravedad al intrépido humano echando un último
vistazo a sus alrededores. "Si fuese cierto que estamos en las
proximidades de Solace, y esto no es una simple ilusión de uno de sus
elfos fugitivos, entonces comprenderéis no habría problema (para
ustedes) en que verifiquemos la identidad de los que os acompañan. El
riesgo lo asumimos nosotros, no ustedes. Os doy mi palabra de honor
de que no se os hará daño si cooperáis. ¡Que la Reina de la Oscuridad
me abandone en el abismo si llegare a incumplir mi promesa!. Ahora
que... sería lógico que la seguridad que tenéis de la llegada de una
patrulla de Legionarios en cualquier momento debería inclinarles a
acceder pacíficamente a la revisión"

"Si por el contrario, mostráis resistencia a nuestras intenciones,
supondré simplemente que desconfiáis de la duración o efectividad de
vuestro sortilegio, y lamentareis altamente vuestra existencia." -
Dijo con ojos centelleantes, deteniéndose en el gesto que había
iniciado para envainar su espada, momentos atrás, y luego
culminándolo con brusquedad.

"Con esa hábil mente, mi amigo, comprenderá que llegar con las manos
vacías a mis superiores, habiendo sido burlados por una tonta
ilusión, no me permitirá sino cualquier otra cosa, entre la
humillación en la Orden, hasta pasar a convertirme en la cena de los
secuaces de La Muerte Verde, como bien has optado por llamarla. Así
pues, prefiero que encontremos la cena tan fría como el muro de
hielo, a permitirnos un fracaso por omisión"- concluyó con amargura
el Caballero del Lirio.

"Os hago una última concesión, hipotéticos inocentes viajeros de las
planicies Abinisinia:"- dijo antes de permitir que se le diese
respuesta a sus palabras- "si acabáis con la ilusión en este momento
y os rendís, les perdonaremos la vida y seréis hechos prisioneros. Se
os tratará con el debido respeto que tiene aquel que acepta su
culpabilidad con gallardía. En cualquiera de los casos, os ordeno
colocaros todos ordenadamente al costado izquierdo de cada una de las
carretas, incluso si no viajáis en una, descubrid vuestros rostros y
poned vuestras armas en el suelo dos pasos frente a ustedes"- exigió
el Caballero Guerrero, autoritario- "Caballeros"- prosiguió
refiriéndose a los restantes caballeros de Takhisis que quedaban tras
él- "Aseguraos que nadie escape o se esconda".- tras lo cual se
empezaron a desplegar a lo largo de la caravana, por el flanco
izquierdo, acompañados por la Patrulla de Guardias de Qualinesti.

"Ustedes también. Deponed vuestras armas."- demandó por último,
señalando a Hilltop, al líder de la caravana (claramente palidecido),
y a Aelensar.