lunes, 16 de diciembre de 2013

Acto 1 - Escena 3: El niño, el viejo y el medio-elfo

(extraído del site del juego: http://sites.google.com/site/juroceweb )

Osbearn estaba un poco cansado por el deambular de Gwydeon. ¿A quién  se le ocurre merodear por las afueras de Solace en busca de un kender? incluso si el kender estuviera dentro de una habitación sin ventanas y puertas, sería difícil encontrarlo.

"Donde cabe una rata, hay dos kenders" - era un dicho común en todo Ansalon.

El niño seguía con tranquilidad y ojos llenos de curiosidad, al medio-elfo, en cambio. Así, se adentraron en una zona en la que habían ruinas de casa quemadas en la Guerra de Caos. Nadie sabía quién había vivido allí, extrañamente, pero Gwydeon sabía que al kender le resultaba interesante el lugar. Estaba examinando el lugar en busca de algún rastro del kender (por ejemplo una pluma multi-colores caída en el piso), cuando los 3 escucharon ruidos afuera.

- ¡Si! ¡estoy seguro! El bárbaro de la gema está por acá - decía alguien entre jadeos mientras otros corrían detrás de él. Eran 4 figuras envueltos en negras capas con capucha. Uno de ellos llevaba un arco y un carcaj.

Luego de discutir un poco con el anciano, Gwydeon lo convención de que siguieran el rastro.

Al poco rato, llegaron a los bordes de un claro en el que se distinguían los sonidos de una fiera pelea. Un amenazante centauro aplastaba a uno de los misteriosos hombres que gritaba aterrorizado, mientras un bárbaro mordía a otro. Un tercero corría detrás de un lobo, y una inmensa bestia peluda, del tamaño de un pony, corría hacia el cuarto, que no cesaba de dispararle flechas. Tanto el bárbaro como el centauro estaban heridos.

Ispoples, el centauro, mordía el cuello del humano, tratando de aferrarse a él e impedir su escape. La sangre empezó a brotar con fuerza, mientras el asesino rápidamente cesaba el forcejeo hasta quedar inerte. La sangre resbalando por el rostro del centauro, las manos aferrándo a su presa cual garras, él encima, cuál ave de rapiña.... la visión de sus pesadillas en las que volaba como ave, cazaba un caballo, y se descubría alimentándose de uno de sus congéneres, se interpuso sobre la imágen de lo que le rodeaba, por un eterno segundo. Abstraído de su entorno, no entendía lo sucedido. Miraba el cuerpo sin vida de su atacante, detallando su cuello destrozado, la sangre regada por todos lados, incluso sobre él mismo. Solo recordaba sentirse envuelto en llamas en la fogata, y luego unas imágenes de sus pesadillas nublaron su mente. Ahora, finalmente se encontraba sobre su atacante derrotado y rodeado por extraños que luchaban contra aquellos que hasta hace un rato los atacaban.

Desde el borde del claro, Gwydeon reflexionaba - No era de caballeros entrometerse entre las disputas de los otros - pero aún asi el legionario sintió encenderse la sangre dentro de sus venas. Frente a una batalla tan desequilibrada no cabía sino parcializarse y tratar de, al menos, devolver las cosas a su equilibrio.
Su mano izquierda fue instintivamente al mango del largo puñal que pendía de su cadera, su mano derecha dibujaba un arcano signo en el centro de su pecho. Sus labios se juntaron para pronunciar un escudo protector:
- Teyva illa...

Corrió
 a interponerse entre los caídos y sus atacantes, la vista puesta en el
arquero de capa negra. Su puñal a medio desenfundar. - ¡ALTO AHORA MISMO!

Se dejo escuchar en el medio del claro...

Al escuchar el grito de Gwydeon ordenando el alto, Osbearn colocó el báculo ligeramente en el pecho del niño, como una señal para que se detuviera, mientras el viejo mago observaba con mayor detalle la situación.

La figura de negro que forcejeaba con el bárbaro, abrío súbitamente los brazos pronunciando un breve bramido ininteligible, mientras gritaba - !Vámos¡ -. Ahora el bárbaro sentía que luchaba contra la fuerza de un ogro.

El worg alcanzaba casi al arquero de negro, que se alejó unos pasos antes de montarse en uno de los árboles. En ese instante, el otro asesino que perseguía al lobo cesó la persecución lanzando una daga hacia el recién llegado medio-elfo. La daga, antes de acercarse más al cuello de su objetivo, se desvió perdiéndose entre las ramas de los árboles que rodeaban el claro. El hombre tenía mirada sorprendida, pero arrancó en la huída velozmente.

El monje permanecía atento a cualquier acción u orden del mago, pero Osbearn le dijo - Espera aquí atento, si alguien se acerca intenta detenerlo - mientras el mago empezaba a revisar su túnica en busca de algo.

La loba se acercó al asesino que forcejeaba con el bárbaro e intentó morderle, pero con una fuerza descomunal éste agitó su pié, golpeándola en la cabeza y dejándola inconsciente. Por su parte, el worg embestía el árbol por el que había subido el asesino que portaba un arco. Sin embargo este continuó su camino por las ramas. Ágilmente saltó hacia otro de los árboles, alejándose de la escena.

Mientras tanto, el barbaro hizó acopio de toda su fuerza, hincando dientes y manos en la carne de su oponente, a la espera que su fiel lobo atacase a su enemigo sujeto. Solo gruñidos y quejidos se escuchaban, usando sus piernas para dificultarle el movimiento. La figura de negro rompió el agarre con los brazos, rápidamente apretando la mandíbula del bárbaro forzándolo a abrir la boca. Casi le disloca la mandíbula en el proceso.

El asesino que había atacado infructuosamente al medio-elfo, corría velozmente, mientras la mirada del hechicero legionario se enfocaba en  él... - No en mi bosque... Pensó el legionario mientras, con la mano derecha tomaba el arco. Tomando su largo puñal en la mano izquierda con el meñique y el anular, sosteniéndolo por un aro en la empuñadura, cargó una flecha con los dedos libres. No le agradaba nunca la idea de atacar a un oponente que se batía en retirada, pero estos eran asesinos. Nadie usaría mentalismo contra un mercenario, a menos que no tenga dinero para pagar por sus servicios. Ellos habían entrado al claro con intención de matar, y al ver balanceada la contienda optaron por huir.

- Cobardes, no en mi bosque. Apuntó a su atacante y relajó su mano izquierda. La flecha se clavó con un sonido seco en el brazo izquierdo del asesino, arrancándole un gemido de dolor. Sin embargo, siguió corriendo como alma que lleva el demonio, buscando poner más bosque entre él y el arco del medio-elfo. Nadie le dijo que se iba a enfrentar a un hechicero, porque sólo la magia podía haber desviado una daga de esa forma.

El viejo mago le indicó a Uthm - Si puedes encárgate de aquel que anda luchando allá, ya verás como me encargo del otro - Mientras decía esto, con su mano recogió algo de tierra, dió una rápida vuelta mientras arrojaba el puñado al aire, mientras decía

¡Edar Austrat Laraek!

Una vez dichas estas palabras, el puñado de tierra fue transformado en unos dardos de tierra, los cuales salieron disparados rápidamente en  la dirección del asesino que intentaba huir por los árboles, mientras el monje corria a aplicarle una patada rastrera a la figura de negro, intentando tumbarlo.

Los dardos cortaron el aire con su afilada punta, hasta clavarse profundamente en varias partes del cuerpo del asesino, quién perdió el balance a causa del dolor, precipitándose aparatosamente al suelo. El impacto en la cabeza lo dejó inconsciente, mientras los dardos se deshacían, dejando las heridas llenas de la tierra usada por el mago túnica negra.

El monje aterrizaba también, concentrandose en convertir sus piernas en una gran tenaza, atrapando y llevándose con todo su peso, una de las rodillas del siniestro hombre. Sintió quebrarse la articulación, y notó el olor metálico de la sangre. Había provocado una fractura en su oponente, y un afilado trozo de hueso de la pierna sobresalía por entre las fibras del oscuro pantalón. El sujeto cayó al piso desmayándose al ver el estado de su pierna.

Eldrak decidió que buscar a su lobo y revisarlo erá más importante que cualquier otra cosa y las personas que acababan de aparecer no le inspiraban confianza suficiente. Corrió al lado de Trygg a la vez que silbaba un llamado a Fearg para que viniera a su lado. El Worg se detuvo, debatiéndose entre seguir al asaltante y obedecer. Sin embargo, la sangre del bárbaro había sido vertida, lo que podría significar que necesitara su ayuda. Se empezó a devolver en dirección a Eldrak, mientras huía el misterioso maleante.

Un ruido fuerte, seco y fuerte, de hueso roto, vidrio roto, y metal contra metal y metal contra madera, se dejó oír en el bosque mientras el malechor caía hacia atrás gravemente golpeado por un escudo mediano que se había interpuesto en su carrera. Un gas negro empezó a brotar de alguna parte de las ropas del asaltante.

Participantes en la escena:
Gocho (Eldrak el bárbaro de las montañas, maestro de las bestias),
Wladimir (Ispoples el centauro luchador),

César (Osbearn, ex-miembro de la Orden de Nuitari, de la Alta Hechicería, ahora hechicero vagabundo).
Kenny (Gwydeon el medio-elfo hechicero legionario)
Orestes (Narrador).